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Mi tarta de chocolate

Las grasas ‘trans’ siguen siendo comercializadas y sacarlas del mercado no será tarea fácil aunque la Agencia de Comidas y Medicinas de Estados Unidos acaba de anunciar que tendrá que desaparecer

Nada más apetecible que una tarta recién salida del horno. Si es de chocolate mejor. La cocina y la casa inundadas de un olor que activa un no sé qué que acaba con la dieta del más valiente. Al prepararla –en tan sólo tres pasos– me convierto en la mejor mamá del mundo, título codiciado en estos tiempos. Todo gracias a un práctico empaque que contiene un polvo mágico que al mezclarlo con un par de huevos, aceite y veinte minutos de espera logro levantar el ánimo de la familia alrededor de la mesa. Suena romántico pero no lo es tanto. No es precisamente la receta de mi abuela pero me ha funcionado. Para qué negar que he comprado cajas de tartas, galletas congeladas, crema para decorar de muchos colores y otras referencias más del club de las grasas ‘trans’. Lo confieso. He pecado.

Todos hemos saboreado las impopulares grasas ‘trans’. Conviven con nosotros divinamente camufladas. Están presentes en muchos productos alimenticios industrializados.  Me voy al clásico ejemplo que encontraremos en la mayoría de textos que explican el proceso de creación de este tipo de ácidos grasos: el aceite vegetal que es sometido a una hidrogenación para hacerlo sólido. Luego servirá para freír, cocinar y dar textura a los alimentos sobre todo a aquellos que necesitan ser horneados, como mi famosa tarta de chocolate por ejemplo.

Ha sido comprobado científicamente que no son saludables especialmente para nuestro corazón. Elevan el colesterol y su presencia en alta concentración se relaciona con el desarrollo de algunos tipos de cáncer e incrementa el riesgo de diabetes tipo II. Sí, la situación es de cuidado y hay que tomarlo con seriedad. Estamos advertidos. Pero no puedo evitar que la facilidad y rapidez de la preparación, el lindo empaque y la foto de la tarta lista me seduzcan.

Las grasas ‘trans’ siguen siendo comercializadas y sacarlas del mercado no será tarea fácil aunque la Agencia de Comidas y Medicinas de Estados Unidos acaba de anunciar que a este ingrediente le queda poco tiempo de vida y tendrá que desaparecer. Si no se acaban ellas, acabarán con nosotros. No quisiera caer en fanatismos. Para una madre la alimentación de su familia es un tema sensible. No me dejaré llevar por los colores y el diseño. Tampoco por las cucharas de palo que nos regalan por la compra de la masa mágica. A partir de hoy empiezo a ganar puntos con recetas originales.... Las de antaño.

 

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