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Michael Jordan, un héroe de derechas

"Lo que convierte a Jordan en un héroe de derechas es su individualismo frente a su colectivo de pertenencia. Y entiendese individualismo en su sentido político, del respeto al individuo y su derecho inalienable"

Foto: Netflix

Si los pusilánimes, identitaristas y posmodernos varios no se hubieran apropiado del izquierdismo mainstream, el trabajo duro como condición indispensable para la emancipación personal (y a veces también para el éxito profesional) no sería una bandera que enarbolar solo desde la derecha. Y si no que se lo digan a las primeras feministas.

Bajo este prisma actual, la figura que emerge sobre Michael Jordan en el nuevo documental de Netflix es la de un héroe de derechas, aunque en el mundo de hoy el eje izquierda-derecha se antoje poco útil para saber quiénes están del lado del progreso -científico, técnico o humano- y quiénes del statu quo y unos privilegios que no siempre son de clase; que pueden ser también de tribu o de sector profesional.

Jordan no es de derechas por su conducta ordenada, ni siquiera por su espíritu competitivo de querer ser el número uno pese a no ser el más alto ni el más fuerte (¡aunque sí el más guapo!), ni por la educación que recibió, que rehuía tanto de la vida subsidiaria como del victimismo cuando su madre le dice que “nadie le va a regalar nada” o le anima pasar el verano practicando después de su primer fracaso en el baloncesto.

Tampoco este mito del self made man que Jordan encarna lo convierten en el antihéroe de la izquierda infantilizada. Pese a que este espejismo aspiracional sirva a la derecha rancia para justificar las desigualdades al desvincular la importancia de las circunstancias externas, como el azar, del destino de los hombres.

Lo que convierte a Jordan en un héroe de derechas es su individualismo frente a su colectivo de pertenencia. Y entiéndase individualismo en su sentido político, del respeto al individuo y su derecho inalienable. “Los republicanos también compran zapatillas”, dijo en petit comité cuando rechazó apoyar al candidato afroamericano demócrata de su Carolina del Norte natal.

Fue una decisión polémica y quizás poco acertada si se tiene en cuenta que el candidato republicano no era un John McCain sino un racista. En estos casos la falta de compromiso político puede convertirse en indiferencia, antesala de todas las injusticias. Pero, al mismo tiempo, y detrás de la lectura superficial que esgrime que Jordan se movió por el egoísmo de querer ganar dinero con sus zapatillas, hay la posición de un hombre que prefiere ser un referente de aquellos elementos que unen al a los americanos que de los que los distinguen. Sin tener en cuenta la raza, la religión o la ideología. Sin convertir todo lo personal -¡o deportivo!- en político. Ante tanto deportista y artista charlatán, la modestia de quien aspira a ser conocido y valorado por el fruto de su trabajo, como son sus zapatillas, es un respiro.

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