Marcela Sarmiento

Miedo camuflado

Sus uniformes camuflados son sinónimo de valentía. Sus cabezas rapadas son disciplina pura. Su tono de piel bronceado en el cuello, la cara y las manos representa las jornadas al sol que llevan encima.

Opinión

Miedo camuflado

Sus uniformes camuflados son sinónimo de valentía. Sus cabezas rapadas son disciplina pura. Su tono de piel bronceado en el cuello, la cara y las manos representa las jornadas al sol que llevan encima.

Sus uniformes camuflados son sinónimo de valentía. Sus cabezas rapadas son disciplina pura. Su tono de piel bronceado en el cuello, la cara y las manos representa las jornadas al sol que llevan encima. Nada haría sospechar que miles de soldados norteamericanos más allá de su caparazón de hombres salvadores del mundo tengan la vida destrozada por cuenta del acoso sexual dentro de sus filas.

Igual que sus compañeras del ejército, los varones son abusados en la mayoría de los casos por sus superiores. Las víctimas no hablan por miedo. No se atreven a denunciar por vergüenza. Otros optan por guardar silencio para no perder oportunidades de ascenso en la jerarquía militar. En cualquiera de los casos es simplemente intolerable que los débiles, en éste caso los soldados, capitanes o tenientes, deban sufrir vejaciones por cuenta de quienes dadas las circunstancias tienen le poder de su lado.

De la misma forma como las mujeres vivimos en un mundo sordo ante las incesantes súplicas por ser defendidas y protegidas de los acosadores, hoy en día la cifra que publica el Pentágono en Estados Unidos sobre militares agredidos sexualmente refleja que no sólo nosotras somos las únicas condenadas al ultraje y la humillación. Nadie parece estar protegido.

Cuando se habla de abuso sexual nuestra imaginación se remite a la escena entre un hombre fuerte y una mujer frágil incapaz de luchar contra su fortaleza. Pero en el caso de los soldados, la pelea cuerpo a cuerpo de dos hombres entrenados para combatir en las más difíciles circunstancias resulta impensable para muchos. Pero sucede y el acoso varía. Hay chantaje. Matoneo y constantes amenazas que terminan por debilitar al más duro de los combatientes. No hay virilidad que valga.

No entra en discusión las preferencias sexuales de las víctimas como de forma injusta , en algunos casos, se ha querido presentar la situación. Son crímenes que se comenten diariamente y una vergonzosa impunidad que los consume. 

Más de este autor

Besalamano

Ante la noticia del buzón de Dickens tengo que declararme públicamente amante de las cartas a mano. De la buena caligrafía. De la buena ortografía. De lo que mi remitente quiera decirme a través de su letra.

Opinión

Telerealidad

No ha habido razones para convencer al juez e Isabel Pantoja tendrá que ingresar a la cárcel. Su vida continuará siendo el drama de siempre.

Opinión

Más en El Subjetivo

José Antonio Montano

Bienvenido, Bosé

«Ahora el tiempo nos ha traído a Bosé, que ya es como nosotros. No sé si a él le quedará el consuelo de que nosotros nunca fuimos como él, cuando brillaba»

Opinión