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Opiniones libres de algoritmos

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Mister Marshall

Y en eso, básicamente, consiste el ser español. En confiar más en la suerte que en nosotros mismos.

“Ustedes se imaginan… De todos los deseos, uno. De todas las cosas que se quieren o que se necesitan una sola. Sí, es muy difícil. Francamente difícil. De pronto, uno se da cuenta que en realidad prefiere otra cosa. De que en vez del arado o del cabezal lo que le hace falta de verdad es un traje para bailar los domingos ¿Cómo se puede saber lo que uno desea?” (‘Bienvenido, Mister Marshal’).

El próximo lunes se celebra el sorteo de la Lotería de Navidad. Todos –admitámoslo- llevamos algún número, aunque sea la participación de la pescadería que nos regaló un familiar al que vemos en contadas ocasiones. Y todos –admitámoslo también-, en algún momento de esta semana, fantasearemos con que nos toca El Gordo, que no deja de ser un Míster Marshall que nos cita anualmente. Y todos le restaremos importancia, y diremos que si toca… Bueno, que si toca no es para tanto. No da para tanto. Para tapar agujeros y poco más. Pero, ¿y si…? ¿Algún capricho nos concederemos, no? Quién sabe. Tal vez un viaje. O un coche. O algo alocado, impropio de nosotros, de quienes somos, de lo que creemos que deseamos.

Y de repente, sin darnos cuenta, nos habremos convertido en un habitante de Villar del Río, en un personaje de Mihura y Bardem. Como el holgazán de Julio, ese que se pasa el día tumbado boca arriba viendo pasar las nubes, que pidió unas pesas para hacer gimnasia. Tal vez porque en el fondo creemos que sólo el azar, lo arbitrario, puede hacernos diferentes. Acaso mejores. Que quizá con un golpe de suerte seríamos de otra manera, de otra forma.

Y en eso, básicamente, consiste el ser español. En confiar más en la suerte que en nosotros mismos.

Berlanga nos caló bien, hay que admitirlo.

Luego, el día 23, o ya en la tarde del 22, sonará en nuestra conciencia la voz templada de Fernando Rey: “Bueno. Ya está. Todo ha vuelto a la normalidad. Las mujeres van al rosario, los hombres están en el café... Todo sigue igual”.
 
Y todo seguirá igual.

Hasta el año que viene.

 

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