THE OBJECTIVE
Carmen Ro

Muerte de otro Aquiles

A Lamela, su talón, el de Aquiles o el de la vida, le hizo perder la guerra de la supervivencia. Con 22 años voló 8,56 mágicos metros de récord. Fue un ídolo, una estrella, pero aún le quedaba por delante el tan duro atletismo de la vida.

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Muerte de otro Aquiles

A Lamela, su talón, el de Aquiles o el de la vida, le hizo perder la guerra de la supervivencia. Con 22 años voló 8,56 mágicos metros de récord. Fue un ídolo, una estrella, pero aún le quedaba por delante el tan duro atletismo de la vida.

Yo fui atleta. Logré tres medallas de oro en mi premier campeonato relevante. Con ellas al cuello, me acerqué a mi entrenador, buscando el piropo previsible, que no fue tal: “Esto no es tan fácil”. Entendí poco, o nada, entonces, pero pocas lecciones mejores me han dado en la vida, donde el éxito es un fracaso al revés. Sobre todo, si el éxito es un temprano éxito.

Recuerdo ahora todo esto, cuando se nos ha ido Yago Lamela, el mejor saltador español de la historia. Su descubridor y exentrenador, Juan Azpeitia, lo avaló como “un monstruo de la naturaleza”.

Si eres atleta, oye a tu entrenador, que es quien mejor te conoce, entre el padre y el profeta. Aquiles, aquel monstruo de la naturaleza en la Ilíada, murió por su talón, en la guerra de Troya. A Lamela, su talón, el de Aquiles o el de la vida, le hizo perder la guerra de la supervivencia. Con 22 años voló 8,56 mágicos metros de récord. Fue un ídolo, una estrella, pero aún le quedaba por delante el tan duro atletismo de la vida. 

Ahí estaba la adversidad, el vértigo, la incógnita. Padeció lesiones, se rompió el tendón de Aquiles, y la recuperación nunca fue completa. Sufrió un grave accidente de tráfico en tierras manchegas. Pero, Lamela regresó a las pistas de atletismo. De nuevo una doble rotura de los tendones de Aquiles, hizo que se perdiera los Juegos de Pekín, y también los de Londres.

Yago se retiró. Y su vida se convirtió en un terremoto anímico. Hasta ingresar en un psiquiátrico. En efecto, no era tan fácil. Lo dijo mi entrenador. Pero lo podía haber dicho el suyo.

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