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Música neurótica para un confinamiento

“Canciones luminosas y cavernarias, bonitas y tristes, casi siempre pequeñas e íntimas, casi nunca ruidosas, a veces muy oscuras, para encerrarse aún más en el encierro"

Foto: NCRV | Wikimedia Commons

Una amiga ha hecho una lista de Spotify con canciones sobre sexo oral. Todas tratan directamente el tema, no hay simplemente menciones pasajeras (como en “Chelsea Hotel No. 2” de Leonard Cohen, que dice “Giving me head on the unmade bed”, o en “Walk on the wild side” de Loud Reed, donde usa la misma expresión para felación, give headshe never lost her head / Even when she was giving head.”). Es un esfuerzo no sé si meritorio y genial o completamente inútil, quizá ambas cosas a la vez, pero conozco a mucha gente haciendo listas de música para el confinamiento.

Hay listas de canciones para lavarse las manos al ritmo de la música, listas de Spotify con referencias a pandemias o peste o aislamiento o distanciamiento social (con “Don’t stand so close to me” de The Police o “Night Fever” de los Bee Gees como greatest hits). Matt Berginger, el cantante de The National ha hecho una lista titulada ha hecho una lista titulada Social Distancing Distortion, aunque hay poca distorsión realmente. Algunos de mis artistas favoritos hacen conciertos por Instagram. Kevin Morby y Katie Crutchfield están pasando juntos el encierro y tocan canciones de John Prine, Marvin Gaye o Waxahatchee, el proyecto musical de Crutchfield (acaba de sacar un álbum de ¿country moderno? estupendo: Saint Cloud).

Yo he hecho una lista en Spotify titulada Música neurótica para un confinamiento con la siguiente descripción: “Canciones luminosas y cavernarias, bonitas y tristes, casi siempre pequeñas e íntimas, casi nunca ruidosas, a veces muy oscuras, para encerrarse aún más en el encierro.” Otra es menos simpática: Black metal bajona para un abril de mierda. Estoy descubriendo realmente el emo y el post-rock o rock alternativo de finales de los noventa (porque un abril lluvioso y encerrado en casa no es algo suficientemente melancólico). Pensaba que conocía más o menos la escena pero no tenía ni idea de quienes eran Smog o Red House Painters o The Murder City Devils (quizá porque los noventa para mí son el thrash y el death metal y el post-rock es Mogwai o Explosions in the sky, no tanto American Football).

Y gracias a los programas de radio de Henry Rollins (famoso frontman de la banda mítica de punk Black Flag) en KCRW, la emisora de Los Ángeles, estoy conociendo la historia del punk estadounidense en los ochenta (que Washington D.C., una ciudad tan institucional, tenga una de las escenas más vibrantes es algo que siempre me ha sorprendido).

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