Josu de Miguel

Negocios thymóticos

"Veremos si los jóvenes que lograron extender la sombra de la sospecha sobre toda la clase política, no terminan siendo víctimas de la medicina que ellos mismos prescribieron"

Opinión Actualizado:

Negocios thymóticos
Foto: Manu Fernandez
Josu de Miguel

Josu de Miguel

Abogado de causas perdidas y profesor de universidad, donde enseña derecho público.

A mi parecer, el mejor tuit de las jornadas que llevaron a la investidura de Pedro Sánchez fue el del historiador Joseba Louzao: en él recordaba que los disparates iliberales de algunos partidos con respecto a la formación del futuro gobierno, no dejaban de ser consecuencia de los incentivos de discursos previos de políticos que ya forman parte de lo que antes se llamaba establishment. Verdaderamente, darse una vuelta por YouTube y revisar las actuaciones de Pablo Iglesias, Irene Montero o Alberto Garzón frente a distintas audiencias causa cierta perplejidad, dado el nivel de responsabilidades que han terminado asumiendo: las alabanzas al nacionalismo radical vasco, la identificación de la casta política con la mafia o los elogios a la vida comunista cubana, son solo algunas de las joyas que las redes sociales e internet guardan como catálogo de lo que hoy la opinión pública tilda comprensivamente de pecados de juventud.

Lo deseable sería que la oposición se apaciguara y comenzara a trabajar con la nueva y domesticada mayoría gubernamental para alcanzar consensos en lo que antes se llamaban temas de Estado. Sin embargo, es preciso recordar que si se forma un ejecutivo apoyado por fuerzas que vienen impugnando, con notable éxito, la Constitución de 1978, parece que lo natural es que a dichas fuerzas les salgan imitadores crispantes al otro lado del espectro ideológico. Si unos se apropian de la Corona o les da por rodear el Congreso el día de la investidura de Sánchez, es porque los otros han popularizado la idea de que el Rey fue una imposición franquista o, sorpresa, también rodearon el Congreso durante la segunda investidura de Rajoy con el aplauso de crítica y de público.

Estas vacaciones tuve la suerte de toparme con el libro de Sloterdijk en el que explica cómo a lo largo de la historia, los financieros del odio han ido creando bancos emocionales en los que los ciudadanos iban ingresando sus pulsiones thymóticas a la espera de que estas fueran gestionadas con responsabilidad. Los mensajes antisistema comenzaron hace más de una década en nuestro país y casi todo el mundo los celebró con simpatía, fascinación y comprensión: no había límites para impugnar la canalla del poder y tampoco para desmentir su legitimidad. Veremos si los jóvenes que lograron extender la sombra de la sospecha sobre toda la clase política, no terminan siendo víctimas de la medicina que ellos mismos prescribieron. Lo que está claro es que en el negocio de la ira les han salido unos competidores bastante solventes.

Más de este autor

Bildu, de entrada no

«Yerran los que creen que la próxima ley de la memoria es un sonajero para que la opinión pública y los ciudadanos se entretengan en mitad de la terrible pandemia»

Opinión

Derechos, alarma y coronavirus

«La mayor parte de las decisiones que en estos momentos están tomando las autonomías afectan a distintos derechos fundamentales»

Opinión

Más en El Subjetivo

David Mejía

Jaque al rey

«El problema de la monarquía es que si el rey fuera Alberto Garzón I, no podríamos librarnos de él»

Opinión

Juan Marqués

El gran tostón del yo

Es la trivialidad lo que predomina en la «autoficción» o en la literatura de testimonio, y sin embargo es cada vez mayor la exaltación totalmente acrítica que de ese tipo de libros se hace en los medios

Opinión

Gabriel Insausti

Todos somos China

«Lo que viene de China no es sólo el coronavirus. Lo que viene es esa entente insólita de comunismo y capitalismo –con lo peor de cada casa- que se resuelve en el globalismo»

Zibaldone

Juan Claudio de Ramón

Spainsplaining

«What does not exist as an essence exists as a contingency. And thus has Spain existed for centuries, changing in content more than changing as a container»

Opinión