Roberto Herrscher

¡No es paraíso fiscal, es refugio!

Sería interesante investigar quién fue el que cometió el error en primer lugar. Cuando los investigadores de la oficina de impuestos de Estados Unidos, los periodistas y los economistas identificaron la picardía típica de este siglo, esa colección de países pequeños, alejados de los centros del poder, de fiscalidad opaca, abiertos a inversiones y negocios sin hacer muchas preguntas, los llamaron “tax havens”.

Opinión

¡No es paraíso fiscal, es refugio!
Roberto Herrscher

Roberto Herrscher

Periodista, licenciado en sociología y profesor universitario. Master en Periodismo por la Universidad de Columbia y posgrado del Instituto para el Desarrollo de Periodismo Internacional de Berlín (IIJB), reside en Barcelona, donde dirige el Master de Periodismo BCNY.

Sería interesante investigar quién fue el que cometió el error en primer lugar. Cuando los investigadores de la oficina de impuestos de Estados Unidos, los periodistas y los economistas identificaron la picardía típica de este siglo, esa colección de países pequeños, alejados de los centros del poder, de fiscalidad opaca, abiertos a inversiones y negocios sin hacer muchas preguntas, los llamaron “tax havens”.

Tal como figura en el Diccionario Collins, “haven” quiere decir refugio, puerto o santuario. Un lugar seguro donde esconderse. Uno se imagina un sitio pequeño, cerrado, donde uno se hace un ovillo, no hace ruido y espera no ser encontrado.

La imagen que ilustra este texto puede ser vista como la construcción de un gran refugio. Paredes de hormigón, esperando un techo: un sitio donde guarecerse. Pero la foto corresponde a la ampliación del Canal de Panamá. ¿Por qué? Porque el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, según indica la información, quitó a Panamá de la lista de “tax havens”, y permitió lo que en estos días está difundiéndose por todo el mundo a partir de la lista de clientes de un bufete de abogados de Panamá.

Los “tax havens” están en el candelero. Pero todos los medios en español usan una mala traducción del término. Los llaman “paraísos fiscales”. Como en varios casos en que hay palabras en inglés similares a otras, la traducción rápida nos juega malas pasadas.

Paraíso no es “haven”; es “heaven”, el cielo de los creyentes, las hermosas praderas de donde fueron expulsados Adán y Eva. Deberían llamarse “refugios fiscales” y los llaman “paraísos fiscales”. ¿Pero es un error involuntario, una palabra que suena parecida a otra? Yo creo que no.

Para el nórdico, de mentalidad protestante o temeroso de la ley, el sitio donde se oculta su dinero no declarado se lo imagina como un refugio: un lugar oscuro, silencioso, de miedo. La evasión fiscal es algo de lo que disfrutan en privado pero de lo que no alardean.

En cambio, en España y Latinoamérica, el no pagar impuestos es visto como una fiesta. Aunque la mayoría de los evasores nunca hayan pisado suelo panameño, ven como un paraíso el lugar en donde envían su dinero para no contribuir a los servicios públicos en los países donde hacen su fortuna. Una playa de arena blanca, el mar turquesa, un ejército de sirvientes trayendo daiquiris, la brisa suave, música romántica, calor…  ¡Menudo paraíso!

“Haven”, refugio, es un lugar donde estamos a salvo con culpa. Donde nos escondemos.

“Heaven”, paraíso, es el sitio donde se abolió la culpa y solo hay disfrute. Así ven nuestros corruptos el lugar de su escapatoria. ¿Quién los va a perseguir en su paraíso fiscal?

Así nos va.

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