Elisa Lopez Aguado

No hay bien que por mal no venga

Los bienintencionados Vitali y el grupo Mondadori son solo respetuosos con Francisco, porque lo que es la ley les importa un pimiento. Se han pasado por el forro los derechos de autor de la editorial del Vaticano.

Opinión

No hay bien que por mal no venga

Los bienintencionados Vitali y el grupo Mondadori son solo respetuosos con Francisco, porque lo que es la ley les importa un pimiento. Se han pasado por el forro los derechos de autor de la editorial del Vaticano.

Érase una vez, en una ciudad italiana, una familia rica, artificial y escandalosa. Conocida por su desarrollado olfato, no había trapo limpio o sucio que se le escapara, y detectaba el rastro de cotilleos a kilómetros de distancia. ¿Desperdiciar semejante don? Ni locos. Estos milaneses dominaban también el arte de exprimir, así que se encargaron de sacarle bien de jugo –al don y a todo bicho viviente con fama y pasado- y fundaron el imperio mediático Mediaset, con Silvio Berlusconi como incuestionable César y el sensacionalismo por bandera. La genética ha hecho de las suyas y su hija, Marina Berlusconi, gobierna el grupo editorial Mondadori, el más potente del país y con más cotilleo publicado por metro cuadrado.

El semanal “Il Mio Papa” (Mi Papa) es su última apuesta editorial y lleva rondando los kioscos italianos desde el pasado miércoles. Una tirada mensual de tres millones de copias –¿quién dijo crisis? – a 0,50 euros el ejemplar, ¡con póster del Pontífice incluido! Un chollo que amenazaba con desviar la trayectoria de la familia en los medios, no por su precio ni por su contenido puramente papal –que también– sino por su tono. Ojo al dato. Su editor, Aldo Vitali, proclama a los cuatro vientos que “Il Mio Papa” busca dar una imagen noble y respetuosa del Papa y que huirá del cotilleo y del sensacionalismo. Podría sospecharse que al otro papa, a Berlusconi, casi se le para el corazón al escuchar tal declaración pero, para su alegría y la de su cuore, no es oro todo lo que reluce. Los bienintencionados Vitali y el grupo Mondadori son solo respetuosos con Francisco, porque lo que es la ley les importa un pimiento. Se han pasado por el forro los derechos de autor que la editorial del Vaticano tiene sobre todo contenido relacionado con el Pontífice y no han firmado acuerdo alguno con ella para poder seguir adelante con la publicación. Si ya se veía venir que en esta historia berlusconiana faltaba un poquito de culebrón, de tonteo con la ilegalidad y de intriga para que fuera merecedora de un puesto en la hemeroteca familiar. A saber cómo acaba este cuento.

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