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No limits: Sánchez y su nuevo Gobierno

"Todo está por escribir, incluso esta ristra de cargos que el presidente incluye como atrezzo, como una plantilla de extras de la táctica del poder"

Foto: Paco Campos | EFE

El Gobierno ha crecido incluso antes de nacer. Es un caso extraordinario de fecunda reproducción ministerial, de multiplicación colorista. No ha habido nunca un libro de estilo para la administración en España; no ha habido tampoco medida, acuerdo y tiento sobre cuál es el número aproximado que debe poblar o conquistar la alta administración. Y así, una mañana, por entrar en un ministerio, se acaba encontrando seres terrestres que se creían desaparecidos pero que, en esas covachuelas de privilegio, han continuado su existencia.

Fernández Viagas recuerda que los jueces medievales decían que la cosa juzgada convertía lo cuadrado en redondo y lo blanco en negro. El poder lo intenta y además, se pone a explicarlo. ¿Por qué no 24 ministros o minijobs ministeriales o carteras part-time?

Todo está por escribir, incluso esta ristra de cargos que el presidente incluye como atrezzo, como una plantilla de extras de la táctica del poder. España en lejanos tiempos de otros borbones tuvo un ministro de Marina que no había visto el mar, ni había navegado ni sabía lo que era un barco. Así que, para protegerse, empezó a usar muletillas como “lo sacaremos a flote”, “esto no hay quien lo hunda” o “los mandaremos a pique”. En este gabinete, a fuerza de repetirlo, hay de todo: incluso filósofos que se encargan de la Sanidad.

La biología política siempre está blindada por el presupuesto, que es la parte académica y protocolaria de los números y por la deuda, que pagan los otros. Ya pasó, hace no demasiado tiempo: como el Estado no podía quebrar, las Comunidades no podían quebrar y los Ayuntamientos no podían quebrar, entonces quebraron las empresas y los ciudadanos.

La deuda pública, que se expande del mismo modo que el universo. Decía el niño Alvy Singer en Annie Hall: “El universo se expande y el universo es todo y si se expande acabará por explotar y será el final”. Y su madre le reconvenía, “Eso no es asunto tuyo”.

Veintitantos ministros que componen el primer ejecutivo (ahora en período de pruebas) de Pedro Sánchez están felices, prometiendo o jurando sus cargos y esperanzados por desarrollar su labor.

El presidente, y algunos de ellos, ya han ensayado un año y medio en Moncloa, desde la moción de censura que iba a procurar inmediatas elecciones. No hay notables resultados en el bienestar ni en la virtud pública, se ha producido una ralentización en la economía y una inquietante polarización ideológica, pero Pedro Sánchez ha vuelto a demostrar que no tiene límites.

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