Melchor Miralles

No más leña al fuego de "La Manada"

Lo de La Manada es un no parar. Aún retumban el eco de la sentencia y de los excesos en las críticas y ahora la Audiencia de Navarra decreta, con un voto particular, la prórroga de la prisión eludible bajo fianza de 6.000 euros para los cinco integrantes del grupo salvaje, que fueron condenados a 9 años por abuso sexual con prevalimiento a una joven en los Sanfermines de 2016.

Opinión

No más leña al fuego de "La Manada"
Foto: EMILIO MORENATTI
Melchor Miralles

Melchor Miralles

Periodista, productor de televisión y cine y escritor. Le gusta leer, viajar, comer, o sea, un disfrutón de la vida.

Lo de La Manada es un no parar. Aún retumban el eco de la sentencia y de los excesos en las críticas y ahora la Audiencia de Navarra decreta, con un voto particular, la prórroga de la prisión eludible bajo fianza de 6.000 euros para los cinco integrantes del grupo salvaje, que fueron condenados a 9 años por abuso sexual con prevalimiento a una joven en los Sanfermines de 2016.

Vaya por delante que la sentencia no me gustó, pero fueron condenados. Esta obviedad merece ser repetida, porque del seguimiento de la reacción de la masa que se expresa en las redes sociales con libertad puede deducirse que fueron absueltos. La mayoría del Tribunal escuchó a la víctima y a los acusados y le creyó a ella, y no a ellos, aunque pareciera lo contrario de fiarse de muchos tuits y textos de Facebook. Ahora ha habido también un voto particular, una discrepancia, en este caso del presidente del tribunal, José Francisco Cobo, que considera que los condenados no deben salir de la cárcel.

Siento un profundo e inmenso asco y rechazo hacia la conducta de los condenados, que me parecen unos tipos abyectos y una sincera cercanía con la víctima, que me inspira además profundo respeto. El horror que debió de vivir es imaginable para cualquiera. E intuyo que hoy no ha sido un buen día para ella, y que no será consuelo que, una vez recuperada la libertad, no puedan entrar en la Comunidad de Madrid, donde ella reside. Porque allá donde estén son, evidentemente, un riesgo para cualquier mujer. La víctima me impresionó favorablemente en el juicio. Fue sincera, explicó con detalle lo que vivió sin echar más leña a un fuego ya suficientemente caldeado. Podía haber declarado de modo más perjudicial para las víctimas, pero optó por la verdad, sabiendo que en algunos puntos a ella le era incómoda, lo cual la engrandece aun más.

Creo que las prisiones, aunque ese sea el espíritu según lo escrito en las leyes, no regeneran a nadie, pero ciudadanos como los que conformaron esta manada de salvajes no pueden convivir con el resto de la sociedad como si nada. Es evidente. Pero sería deseable que la jauría que reclama justicia popular frene su ímpetu. Vivimos en un Estado de Derecho, afortunadamente, y hay que respetar las reglas del juego. Los jueces son seres humanos que aciertan y se equivocan. Pero siempre será mejor un tribunal ante el que uno pueda defenderse con todas las garantías que los tribunales populares prestos a cortar la cabeza social y hasta físicamente a los reos que ellos consideran culpables. Dejemos a un lado las ideologías y actuemos cívicamente. Sigamos el ejemplo de la víctima y no echemos más leña al fuego de la repugnante manada de canallas.

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