Blas Pinar Pinedo

No queremos saber nada de Siria

El taxista sirio tenía razón. En el mundo se está produciendo una partida de ajedrez en la que todo está permitido. A alguien interesa esta barbarie y a nosotros debe interesarnos entender qué ocurre. Reflexionemos. Allí viven personas

Opinión

No queremos saber nada de Siria

El taxista sirio tenía razón. En el mundo se está produciendo una partida de ajedrez en la que todo está permitido. A alguien interesa esta barbarie y a nosotros debe interesarnos entender qué ocurre. Reflexionemos. Allí viven personas

 

-No saben ustedes nada de Siria.

El taxista nos comentaba, sin haberle nosotros preguntado nada, lo que decía la radio del coche: el locutor informaba de las acciones que los organismos internacionales estaban tomando contra el régimen de al-Asad. Como en el caso de Sadam o de Gadafi, hasta hacía bien poco era otro aliado más de Occidente: se le recibía con honor, se le financiaba y se le vendía armas cobrándose las oportunas comisiones que necesitan nuestros corruptos. Eran tiranos colocados para someter a tiranías peores.

No, no sabemos nada de Siria. O no queremos saberlo. De pronto los aliados son tiranos porque ya no interesa. ¿A quién, por qué? Siria, Libia, Irak y Egipto se parecen demasiado.

Pero empezamos a entender cuando escuchamos a la Iglesia católica denunciar que están entrando terroristas desde Irán; que los islamistas cortan el cuello a los misioneros y violan a las mujeres. Cuando vemos cuán salvajes son esos revolucionarios que aquí son presentados como demócratas, entendemos que quieren otra tiranía peor. Al menos algún país sonrojado retira las ayudas a los falsos demócratas.

No, no es que no sepamos nada. Es que existe un mecanismo de la mente que nos ayuda a negar la realidad que nos aterra. No es que no sepamos nada: es que no queremos saberlo.

-Ustedes no entienden nada, no conocen mi país. Yo soy sirio. Llevo muchos años en España. Sin al-Asad, Siria será un país dominado por el islamismo radical y las bombas serán los ruidos más habituales.

Nos abroncó. El taxista sirio tenía razón. En el mundo se está produciendo una partida de ajedrez en la que todo está permitido. A alguien interesa esta barbarie y a nosotros debe interesarnos entender qué ocurre. Reflexionemos. Allí viven personas.

 

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