Jose Maria Inigo

No se enteran

En Inglaterra se ha puesto de moda un juego al que denominan “Nek nomination” y que consiste en que un miembro del grupo bebe alcohol sin parar mientras los colegas le graban en video para luego subir la “hazaña” a Internet.

Opinión

No se enteran

En Inglaterra se ha puesto de moda un juego al que denominan “Nek nomination” y que consiste en que un miembro del grupo bebe alcohol sin parar mientras los colegas le graban en video para luego subir la “hazaña” a Internet.

La estulticia humana puede alcanzar cotas bastante importantes. En Inglaterra se ha puesto de moda un juego al que denominan “Nek nomination” y que consiste en que un miembro del grupo bebe alcohol sin parar mientras los colegas le graban en video para luego subir la “hazaña” a Internet. Hace falta ser imbécil. Hace unos días un menor, de 9 años, tuvo que ser ingresado en estado grave, para hacerle un lavado de estómago.

Y es que cierta juventud parece haber perdido el rumbo. Cuesta entender estas “genialidades” de unos críos que seguramente estarían mejor jugando al fútbol, estudiando, o simplemente charlando con sus amigos.

Y mientras ellos presumiendo de mayores con juegos absurdos, sus padres, muchos al menos, en huelga por media Europa, en petición de mejores salarios, mejores pensiones y más prestaciones laborales. La pescadilla que se muerde la cola, los trabajadores reclaman lo que creen justo y los empresarios se quejan de que gran parte de la culpa de la crisis se corresponde con el exceso de prebendas laborales concedidas en los últimos años y que ahora son poco menos que imposible eliminar.

Y en eso estamos, tirando de la cuerda por ambos lados, sin que parezca decantarse por uno u otro. Nadie parece estar dispuesto a ceder lo suficiente para normalizar una situación que está tomando un aspecto muy feo. El gobierno, los gobiernos, parecen no enterarse de cómo respira la calle. Los datos leídos en un periódico son muy fríos, no tienen vida, son cifras solamente. Cada parado es una tragedia multiplicada por cada uno de los miembros de la familia. Cada uno de los millones de seres que figuran en las estadísticas. Pero quienes gobiernan no piensan eso. Solo se emborrachan de cifras y datos. Sin sentimientos, sin remordimientos. Sencillamente, no se enteran.

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