Manuel Aguilera

No sin los “radicales”

Mientras leía unas declaraciones de Lula hablando bien del opositor venezolano Henrique Capriles y sugiriendo a Maduro la creación de un gobierno de coalición, noté como mi vello se erizaba.

Opinión

No sin los “radicales”

Mientras leía unas declaraciones de Lula hablando bien del opositor venezolano Henrique Capriles y sugiriendo a Maduro la creación de un gobierno de coalición, noté como mi vello se erizaba.

Mientras leía unas declaraciones de Lula hablando bien del opositor venezolano Henrique Capriles y sugiriendo a Maduro la creación de un gobierno de coalición, noté como ni vello se erizaba como reacción a la fatalidad de que todo lo malo puede ir a peor. Cuando un enemigo tan amigo de sus amigos –Nicolás Maduro y Raúl Castro- te elogia, en este caso “por no estar radicalizado”, el objetivo final no es tan simple como que te sientas halagado.

“Tú eres el bueno, contigo se puede hablar”, le ha venido a decir a Capriles el expresidente brasileño, que tan bien se mueve entre las luces y las sombras. Y ya tenemos diálogo. Como era de esperar, será una partida con las cartas marcadas a favor del chavismo, un régimen supuestamente democrático que controla el poder ejecutivo, el legislativo, el judicial, el electoral, el ejército (que se declara revolucionario) y los medios de comunicación. María Corina Machado, la opositora que no le gusta a Lula, no estará en estas reuniones porque no acepta “hablar de estabilizar la dictadura de Maduro” y porque cree que no puede haber diálogo mientras Leopoldo López y los estudiantes continúen en prisión.

Por mucha Unasur y muchos enviados del Papa que ejerzan de testigos, estos contactos no pintan bien, porque como dice la “radical” María Corina, “los estudiantes y las fuerzas que impulsan la protesta tienen que formar parte de la discusión”.

39 asesinatos, la mayoría de estudiantes a los que les dispararon directamente a la cabeza, centenares de heridos, una treintena de denuncias de casos de torturas y más de 2.000 jóvenes detenidos conforman un balance que invita, al menos, a romper las actuales reglas del juego de forma “radical”.

Maduro ya tiene público para su teatrillo: un opositor confeccionado a medida, un cura y los amiguetes de Unasur. Pero más allá del elenco, lo que falla es el escenario, lo que “los radicales” llamamos dictadura y los premiados con la lotería bolivariana unidos a algunos progres de salón europeos llaman poder popular. Venezuela necesita urgentemente un (radical) cambio democrático.

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