Monica F.-Aceytuno

No todos a la vez

Al igual que el horizonte con los rascacielos, el mar empezó a naufragar con los cruceros. Se podría decir que ha nacido una nueva especie marina: el Homo crucerensis. Quedará la muchedumbre, quedará el dinero. La vida, la historia y la belleza, se irán volando.

Opinión

No todos a la vez

Al igual que el horizonte con los rascacielos, el mar empezó a naufragar con los cruceros. Se podría decir que ha nacido una nueva especie marina: el Homo crucerensis. Quedará la muchedumbre, quedará el dinero. La vida, la historia y la belleza, se irán volando.

Al igual que el horizonte con los rascacielos, el mar empezó a naufragar con los cruceros.
 
Se podría decir que ha nacido una nueva especie marina: el Homo crucerensis, con su propio ecosistema, que son esta suerte de ciudades flotantes, con todo lo bueno y lo malo que puede haber en ellas, pero al fin y al cabo ciudades recién construidas que anhelan lo que no tienen: vida, belleza e historia.
 
Hubo en unas líneas aéreas un comandante que solía gastar la misma broma a sus pasajeros cuando por megafonía les invitaba a contemplar cualquier maravilla que estuvieran sobrevolando, ya fuera la torre Eiffel, o el deshielo de Groenlandia, les decía: “A la derecha del avión podrán observar….” Entonces los pasajeros que no tenían la ventanilla a ese lado, se desabrochaban el cinturón y se agolpaban hacia el lugar indicado. En ese momento, el comandante aprovechaba para virar hacia la derecha la aeronave, haciendo como si el pasaje fuera una carga que se hubiera de pronto desestibado, mientras advertía con gracia por megafonía: “¡Pero no todos a la vez”!
 
Se diría que la Tierra también nos estibó para guardar un cierto equilibrio que ahora, con el turismo de masas, hemos roto.
 
Que pretendan hacer en Venecia otro canal para alejar a los cruceros, no servirá más que para constatar, de nuevo, el principio no escrito por el que, en Ecología, hasta las soluciones tienen consecuencias. Excavar una nueva vía de tránsito acabará por destrozar la laguna veneciana, evitando lo que de verdad requiere una seria reflexión, y es si tanta gente puede llegar a la vez a un mismo lugar sin provocar un daño irreparable.
 
“¡No todos a la vez!” Parece decir la torre de San Marcos, como si fuera a escorarse, a punto de ensombrecerse su atardecer con la llegada del crucero de la imagen.
 
Quedará la muchedumbre, quedará el dinero.
 
La vida, la historia y la belleza, se irán volando.

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