The objective

El Subjetivo

Opiniones libres de algoritmos

Opiniones libres de algoritmos

Nosotros, los fachas

Foto: MICHEL EULER | AFP

Llegados el momento no vamos a salvarnos ni uno, los fachas. Ya somos legión (con perdón) por el mero hecho de no pensar como ellas, ellos y viceversa. Poco importa que, por ejemplo, el cantante Loquillo, flamante Medalla de Oro de Barcelona, afirmara en una entrevista reciente y promocional que ‘los que dicen que hoy hay fascistas no han visto uno en su puta vida’. A tenor de las declaraciones de Ada Colau, inefable mujer que nunca debió abandonar el disfraz de abeja maya, o sea de dibujo animado, los fachas poco tenemos que ver con aquellos camisas negras de la Marcha sobre Roma y el aceite de ricino. Ni tan siquiera con el pijerío joseantoniano de la dialéctica de los puños y las pistolas. Lo nuestro viene de lejos si tenemos en cuenta la última astracanada condal con la calle Pepe Rubianes, ayer del Almirante Cervera.

Tan facha fue el militar que luchó contra el absurdo cantonalismo y formó parte del gobierno liberal de Sagasta. Tan facha que en su desesperado y a regañadientes ataque a la armada yanqui (de perdidos al río), su estrategia se basó únicamente en salvar el mayor número de vidas humanas. Y estas palabras le dedicó el enemigo –Robley D. Evans, comandante del acorazado Iowa– al facha: ‘Nada hay registrado en las páginas de la historia que pueda asemejarse a lo realizado por el almirante Cervera. El espectáculo que ofrecieron a mis ojos los dos torpederos, meras cáscaras de papel, marchando a todo vapor bajo la granizada de bombas enemigas y en pleno día, sólo se puede definir de este modo: fue un acto español’.

Ya se sabe, sin embargo, que los fachas no tenemos remedio. Siempre hemos sido iguales a nosotros mismos. Somos poco ‘dialogantes’, intolerantes a la demagogia, alérgicos al asamblearismo, con un alto concepto de la lealtad y escrupulosos con el cumplimiento de la legalidad democrática. Lo que desconocen la alcaldesa Colau y sus adláteres (como tantas y tantas otras cosas) es que también perdimos la guerra. Pero nosotros, los fachas, la perdimos en el 36.

Más de este autor

Reinado punk

"La serie mantiene el soberbio equilibrio entre el devenir histórico y la intrahistoria de los Windsor, que no deja de ser como la de cualquier hijo de vecino si le solventas a este las menudencias crematísticas y las cosas del comer"

Cien años de honradez, dicen

"El Gobierno Picapiedra durará menos que un telediario en noche de Champions, y diría que al PSOE le esperan duras horas en el rincón de pensar y el desierto penitente de las travesías bíblicas"

Más en El Subjetivo

Adictos a la desinformación

"La escenificación de una mentira es clave para trasladarla a la escena de lo debatible. Por ello, y conscientes de que la veracidad de sus afirmaciones se mantiene en cuarentena, la ultraderecha suele apostar por la convicción"