THE OBJECTIVE
Fernando Garcia Iglesias

Nuestro presente

De pequeños, los libros de ciencia ficción nos dejaban con la mente exaltada, sobrevolando mundos nuevos, con ciudades de coches voladores y edificios que crecían sin fin hacia los cielos. Había máquinas del tiempo, teletransportación, pantallas de ordenador que…

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Nuestro presente

De pequeños, los libros de ciencia ficción nos dejaban con la mente exaltada, sobrevolando mundos nuevos, con ciudades de coches voladores y edificios que crecían sin fin hacia los cielos. Había máquinas del tiempo, teletransportación, pantallas de ordenador que…

De pequeños, los libros de ciencia ficción nos dejaban con la mente exaltada, sobrevolando mundos nuevos, con ciudades de coches voladores y edificios que crecían sin fin hacia los cielos. Había máquinas del tiempo, teletransportación, pantallas de ordenador que se proyectaban en el aire frente a nosotros y robots como humanos, caminando y trabajando a nuestro lado, y se creaban esos conflictos morales entre autómatas de inteligencia artificial y homo sapiens, tan característicos de esa literatura. Un cuarto de siglo después, muchas de esas ideas futuristas siguen viviendo en nuestra imaginación. Sin embargo, nuestro presente, esta era tecnológica, una suerte de nueva revolución industrial, nos sigue dejando boquiabiertos de un día para otro, y podemos aterrizar naves espaciales en cometas o hacer videollamadas de continente a continente desde la palma de nuestra mano mientras caminamos por la calle o nos tomamos un café en el bar de la esquina. El futuro se despliega ante nuestros ojos a una velocidad vertiginosa.

 La última de las propuestas del gigante Google es su coche sin conductor. Un automóvil eléctrico sin volante ni pedales que nos lleva de un lugar a otro mientras analiza todo lo que le rodea: coches, obstáculos, ciclistas, peatones, conos en la carretera, baches, atascos, etc., y toma decisiones instantáneas para una conducción más segura y eficiente. Google ha entrado sin miramientos en la carrera automovilística, y parece que viene para quedarse. A partir del próximo año se verán por las calles de California esos coches que conducen solos, y parece muy probable que los veamos pasar por nuestras calles en un futuro no muy lejano. Así, muy pronto, el camino de casa al supermercado lo podremos pasar leyendo a Frank Herbert o a Isaac Asimov, mientras el Google Car se encarga de tomar la curva o frenar ante el paso de cebra, y nosotros, allí, dudaremos si vivimos todavía en el presente.

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