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Nueva legislatura de largos y pasmados

"A partir de esta semana, el Congreso de los Diputados recibirá a sus nuevas señorías para que acrediten su idoneidad, desnuden su patrimonio o enseñen sus incisivos"

Foto: Javier Lizon | AP

A partir de esta semana, el Congreso de los Diputados recibirá a sus nuevas señorías para que acrediten su idoneidad, desnuden su patrimonio o enseñen sus incisivos. Tras las revisiones de las novedosas, grandes y pequeñas barracas parlamentarias, el próximo 3 de diciembre, ajustados a los plazos administrativos —que mantienen ¡Oh, César! su operatividad en el territorio— dará comienzo la nueva legislatura. Hasta ese día, según los planes del alto mando de La Moncloa, el presidente en funciones habrá avanzado, a su estilo, ante la pasmada derecha moderada: o tendrá o esgrimirá un acuerdo de Gobierno. “Poder” es producir los efectos deseados y encontrar a quien o asuma las consecuencias o las desee.

“El poder”, según comprobó Gregorio Marañón, puede conducir a la santidad, al crimen, a la perversión sexual, a la gloria, al mando o al heroísmo, entre otros destinos. Pedro Sánchez, el pre-candidato a una nueva investidura, es un hombre de estos tiempos, donde la verdad ha ido perdiendo su aleación y su prestigio, su condición de bien de primera necesidad. Hoy circula con velocidad una mentira institucionalizada, siniestramente práctica, pretendidamente ingrávida, que se ha aceptado como parte sustancial del juego político e informativo.

El gobernante adapta sus máscaras, como recuerda el filósofo Marina, a cada momento histórico. Ahora, máscaras vacías. Al fin y al cabo, ¿qué es hoy la verdad? Las maquinarias del poder (todos los partidos, en mayor o menor medida) han renunciado a defender la lealtad, la coherencia, el acuerdo, la generosidad o el bien común, porque el único objetivo es ocupar el poder ininterrumpidamente. El asunto ya lo aclaró premonitoriamente Antonio Mingote: “¿Qué es gobernar? Impedir que gobiernen los otros”.

Esta velocidad, esta proliferación de “amasijos desinformativos” y opiniones evanescentes, ha condicionado la acción política de los últimos cuatro y bloqueados años. El proceso se agudiza. La precipitación, la ansiedad y el desconcierto han colonizado la representación institucional. Y es sobre esta nueva camada de representantes institucionales donde apuntan incansablemente, como en un escenario de Broadway, los cañones de luz de la opinión pública. Tal resplandor, tal fogonazo sobre egos e imposturas, ensombrece la atención ante los graves problemas del país (desigualdad, fragilidad territorial, educación, sanidad, posición en el mundo, robotización, reto demográfico…).

Este es el momento. Y sí, en unos días comenzará una nueva legislatura, una nueva legislatura de largos y pasmados.

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