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Nuevo tiempo en tierra de Maria Stsma.

Foto: Julio Munoz | EFE

El fin de ciclo debe ser eso. Los megáfonos en la calle, los enchufados del Régimen vueltos feministas de nuevo cuño, izquierdistas, tratadistas y lo que sea. En Andalucía, mal que bien, empieza un ciclo nuevo. Lo de las máquinas que trituraban papel era un ‘meme’ comparado con lo que se viene encima. Se avecina mucho afín ocioso, mucho autobús fletado en cada depuradora que inaugure Moreno Bonilla por la Sierra Norte… la cuestión es que vea que la Andalucía eterna jamás abandona a Susana.

Lo del piterío, lo del Parlamento rodeado por jubiletas y aburridos de las ocho provincias se adivina la primera escaramuza de Susana por justificarse. Perder la Junta y perder frente a Sánchez son acontecimientos que curten. Y Díaz lo sabe. Y saldrá a morder como si le fuera la vida en ello: que le va…

A un sorayista con ‘baraka’, Moreno Bonilla, se le adjunta un hombre sin ideología -por vieja confesión propia- que es aquí Juan Marín, vicepresidente sanluqueño.

Cierto es que Susana Díaz, en lugar de azuzar el megáfono, podría haber optado por eso de una transición tranquila. Pero la llantina ante lo que se pierde, como Boabdil, es lo simbólico de este momento que será histórico en Sevilla y alrededores. Moreno Bonilla es catalán, criado en Málaga y con un acento estándar de galán de Canal Sur: no se sabe aún si la combinación es buena o mala, y sólo el tiempo lo dirá.

Lo que ya es impepinable es qué será de Andalucía cuando la industria del Cuñado -aka la Junta- reduzca el grifo para subvencionar a las zambombas. Puede que Andalucía implosione, o que la región más grande de España se nos vuelva Suecia. Sea como fuere, Moreno Bonilla es poco de imponer, Marín es de decir poco y la tercera pata, el juez Serrano, entrará poco a poco en cintura con esa vaselina que da el día a día en la cosa pública.

Lo que pase, pasará. Andalucía ha vuelto a ser escuchada y eso, de entrada, está bien para que España se encuentre a sí misma. Al arrullo del Sur.

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