Marta Parreño Gala

Oda a las cosas

Le robo el título a Neruda porque el periódico que sostiene este hombre no es solo un periódico. Y él ya evocó algo parecido en su “Oda a las cosas”. Este periódico no es un periódico porque es un clavo al que agarrarse en mitad del precipicio, una luz tenue pero testaruda que llega hasta el fondo de un pozo muy hondo. Siempre me ha fascinado la manera que tenemos de restablecer la normalidad en medio de la destrucción; cómo pequeños detalles le sirven a uno para ascender a la superficie y respirar cuando parece que todo se acaba.

Opinión

Oda a las cosas
Marta Parreño Gala

Marta Parreño Gala

Periodista y cineasta. Escribo, filmo y creo. He rodado 7 cortometrajes y trabajado en El Periódico de Catalunya, Ling Magazine, COM Radio y La Vanguardia. Ahora en Adams Editorial.

Le robo el título a Neruda porque el periódico que sostiene este hombre no es solo un periódico. Y él ya evocó algo parecido en su “Oda a las cosas”. Este periódico no es un periódico porque es un clavo al que agarrarse en mitad del precipicio, una luz tenue pero testaruda que llega hasta el fondo de un pozo muy hondo. Siempre me ha fascinado la manera que tenemos de restablecer la normalidad en medio de la destrucción; cómo pequeños detalles le sirven a uno para ascender a la superficie y respirar cuando parece que todo se acaba.

En plano drama, tormenta tropical, enfermedad, terremoto o guerra sangrienta, siempre aparecen esos objetos aparentemente cotidianos a los que en nuestra vida corriente de autómatas programados no solemos prestar atención y que, en determinados momentos de crisis, no solo se vuelven tremendamente importantes, sino que devuelven la luz a todo el entorno como por arte de magia.

Un sofá de madera cubierto con una funda blanca de flores verdes, un taburete y un periódico. Dos personas distraídas como si estuvieran en el salón de casa. A su alrededor, destrucción, guerra, cascotes. Estos dos hombres se relajan en un lugar que bien podría ser el fin del mundo, pero no parece importarles, porque tienen un periódico repleto de noticias del día y un teléfono móvil que les recuerdan que hay vida ahí fuera.

Que ya lo dijo el poeta:

“Muchas cosas
me lo dijeron todo.
No solo me tocaron
o las tocó mi mano,
sino que acompañaron
de tal modo
mi existencia
que conmigo existieron
y fueron para mí tan existentes
que vivieron conmigo media vida
y morirán conmigo media muerte”.

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