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Oda al fornicador

“Gasté mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo malgasté”.

El Estado Islámico ha publicado un vídeo en inglés en el que llama a Bill Clinton "fornicador". Fornicador, así en plan malaje. Fornicador, como un agravio. Bah —tú ni caso, Bill; desde aquí defendemos sin fisuras tu talento para el mal (ya me entienden ) y ese halo tuyo de empotrador bonachón y canallita. En fin, que quizá no eres el más guapo, el más listo ni el más honesto del mapa, pero que has empotrado más que Velencoso y Elcacho juntos… ¿eso? Eso lo sabe hasta el Papa.

Curioso mundo, ¿verdad? Éste —digo— en el que fornicar es (sigue siendo, en tantos y tantos lugares) un agravio. “Fornicador”, a la vera del ladrón y el trolero. Pues mira: no. Clinton, alto y claro: no podemos admirar más tu infinito talento para el fornicio (qué bonita palabra), tanto como lo hacemos con Porfirio Rubirosa (el más grande), Jack Nicholson, José Coronado o Michael Fassbender. La crème de la crème; como George Best, autor de la cita que abre este artículo y también de (esta) maravillosa verdad que lo cierra: "En 1969 dejé las mujeres y la bebida, fueron los peores veinte minutos de mi vida".

 

 

 

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