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Oliver y Benji

Evoluciona el rol de Leo, muda la faz, se recoloca inteligentemente y se lo reconoce el barcelonismo: marca Neymar y el público grita "¡Messi, Messi!" alzando y bajando los brazos, rindiéndose a su talento.

Valdano dijo de Romario que era un jugador de dibujos animados. Wenger, tras una exhibición de Messi, afirmó que era un futbolista de Play Station. Luis Enrique se frota los ojos en algún entrenamiento cuando ve de lo que Leo es aún capaz.

El técnico del Barça aseguraba ayer que había presenciado cosas en la Ciutat Esportiva del club que ni había visto en la serie japonesa Oliver y Benji, aquellos delantero y portero, respectivamente, que eran capaces de lo imposible en un terreno de juego. Como Messi y Casillas, la cara y la cruz. Ambos lograron concitar lo mejor y lo peor de una jornada que fue el retrato robot de una realidad que acabó con loas en el Camp nou y pitos en el Bernabeu.

Oliver Anton era el eje de su equipo, el que metía los goles decisivos y el que, aún estando físicamente KO, lograba lo inverosímil. Benjamin Price era el cancerbero de las paradas imposibles, capitán carismático y con una enorme seguridad bajo los palos. Lo que un día fue Iker, lo que a lo mejor nunca más llegará a ser. En su casa, en ese club del que lleva el escudo cosido a la piel, le pitaron los suyos como nunca. Ya no el es Oliver salvador: es el epicentro de las iras de una gran parte del madridismo. 600 kilómetros más allá, el Benji argentino no marcaba pero asistía.

Evoluciona el rol de Leo, muda la faz, se recoloca inteligentemente y se lo reconoce el barcelonismo: marca Neymar y el público grita "¡Messi, Messi!" alzando y bajando los brazos, rindiéndose a su talento. El blanco se torna negro. La crisis del Real Madrid es una realidad tozuda que golpea la puerta de Florentino Pérez, por primera vez cuestionado en la grada. Los dibujos animados de la capital llevan camino de convertirse en una Pesadilla en la Castellana Street.

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