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Teodoro León Gross

Regreso (melancólico) a la moción de 2018

«Hace falta una dosis considerable de narcisismo para considerar que eres el protagonista de un hito histórico»

Opinión
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Regreso (melancólico) a la moción de 2018

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, preside una reunión con los diputados y senadores del PSOE. | Eduardo Parra (EP)

Pedro Sánchez ha conmemorado el cuarto aniversario de su moción de censura, cuando logró sacar del poder a Mariano Rajoy. En ese momento, el PP era un partido debilitado por la inacción ante la corrupción y por su incapacidad para evitar el golpe catalán de 2017, desgastado por las medidas impopulares para sacar a España del agujero de la crisis de 2008, con sus viejas élites procesadas y su nomenclatura dividida. Sánchez, para superar los 175 votos, sólo tuvo que vender el plan a un nacionalismo con incentivos obvios. Desde entonces ha decidido conmemorar el éxito de la Moción como si se tratase de un hito memorable, tipo las Navas de Tolosa o el desembarco de Colón en América. Qué cosas. Hace falta una dosis considerable de narcisismo para considerar que eres el protagonista de un hito histórico y celebrarlo desde el año cero como un punto de inflexión en la Historia. Muy Sánchez sí que es, innegablemente.

Hay quienes reaccionan con indignación considerando que conmemorar la moción de censura de 2018 es como mínimo una ridiculez, y seguramente una desfachatez. Al cabo, las dos acepciones de la palabra conmemorar, para la Real Academia, son «recordar solemnemente algo» y «celebrar algo importante». Pero esa indignación no tiene sentido.  Es perfectamente lógico que Sánchez vuelva a ese momento, a aquel día fundacional de 2018, precisamente porque entonces el sanchismo aún no había pasado por las mentiras en el poder, por la coalición con Iglesias y los nacionalistas que antes había negado, por el desprestigio institucional. Y ni siquiera era necesario distinguir entre Pedro y el presidente Sánchez, como hizo Carmen Calvo por justificar el abismo entre el antes y el después. En 2018 Sánchez podía aspirar a que se le creyese, o al menos a que se le diera su oportunidad. Todo lo sucedido después, claro, ha desmentido el sanchismo. Por eso es normal que quiera mirarse en el espejo de 2018, no de 2022.

Sánchez, aquel día, logró sacar del poder a Rajoy prometiendo convocar rápido elecciones, garantizando la regeneración, restablecer los puentes «con todas y cada una» de las comunidades, cuidar las instituciones y la separación de poderes. Se entiende que algunos piensen que fueron demasiadas mentiras como para conmemorar la moción. Pero todas esas mentiras, de alguna manera, convierten aquel día en una fecha significativa: era la genuina puesta de largo del sanchismo como proyecto político fraudulento, de la mano de Iglesias con el que anunciaba que nunca gobernaría porque no podría conciliar el sueño, y apoyado en los nacionalistas más desleales y turbios, particularmente Esquerra y Bildu. Aquel día, con el discurso tabernario de Ábalos que ahora se borra de la conmemoración al ser un apestado, sin duda fue un hito fundacional del sanchismo. Es la fecha.

En este Año IV d.M. (después de la Moción) Sánchez ha presumido, sobre todo, de velar por la separación de poderes y el prestigio de las instituciones. ¿No es delicioso? De la separación de poderes,  más allá del pasteleo frustrado con Casado y García Egea para repartirse cromos una vez más, Sánchez quiso sacar una reforma para designar el Poder Judicial unilateralmente desde el Gobierno pero Europa se la devolvió a los corrales por vulnerar normas comunitarias, y tiene como símbolo en la Fiscalía a Dolores Delgado, una ex ministra con pasarela directa desde el Poder Ejecutivo.

Y también ha maltratado la independencia del Poder Legislativo sometiendo a la presidenta Meritxell Batet a Moncloa, como se ha constatado en el cambio de reglas del juego en la Comisión de Secretos Oficiales para meter ahí a Esquerra o Bildu, no en función de los intereses del Estado, sino de sus intereses particulares. Sobre el prestigio de las instituciones, no es probable que se refiera al CIS, cuya notable reputación duró poco en el ciclo sanchista de Tezanos,  pero tampoco al CNI, porque ha sacrificado mucho crédito del servicio de Inteligencia del Estado a sus trapicheos con Esquerra. Incluso la Jefatura del Estado recibe constantes sacudidas desde el Gobierno.

Todo esto ha sucedido después de la moción. Es lógico que Sánchez quiera celebrar aquella fecha, cuando él se podía mirar al espejo sin ver al tipo que traicionó después todo lo que dijo aquel día en el Congreso.

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