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Guadalupe Sánchez

La política vaciada

«Los dirigentes populares no deben olvidar que el voto al PP es, también, un voto contra Pedro Sánchez y todo lo que implican sus nocivas políticas»

Opinión
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La política vaciada

Pedro Sánchez. | Europa Press

El resultado obtenido por el Partido Popular en las elecciones andaluzas ha sido espectacular. La consecución de la primera mayoría absoluta del centro derecha en Andalucía consolida la tendencia de cambio de ciclo político que inauguró la Comunidad de Madrid el año pasado: todo apunta a que ésta no será la última victoria de los populares y que los de Feijóo conseguirán cotas de poder nacional, autonómico y local similares a las conquistadas por Mariano Rajoy en 2011.

Ojalá la semejanza en los resultados no se traduzca en una reiteración de los errores de antaño, confundiendo la moderación y el sentido común demandados por el votante popular, con una inane equidistancia respecto a cuestiones de indudable calado ideológico.

Los dirigentes populares no deben olvidar que el voto al PP es, también, un voto contra Pedro Sánchez y todo lo que implican sus nocivas políticas, que no sólo han arruinado la economía de los españoles, sino también su convivencia. La importancia de recomponer los balances no debe llevar al centro derecha a soslayar la necesidad de reconstruir los pilares del Estado de derecho y de la concordia social que el sanchismo ha corroído. Que Sánchez abandone físicamente la Moncloa no será bastante: sus ideas han de ser expulsadas de las instituciones para recomponer la confianza que en otro tiempo tuvieron en ellas los ciudadanos.

En nombre de la moderación, el PP no puede limitarse a dejar que crezca y se reproduzca la semilla ideológica sembrada por el sanchismo, porque no hay nada más sectario, polarizador y dañino que Sánchez. El Gobierno socialista ha normalizado la criminalización colectiva, la vulneración desde las instituciones de la presunción de inocencia de los ciudadanos, la cancelación del disidente, el desprecio a la separación de poderes y el uso de la maquinaria estatal con fines propagandísticos. Ha degradado la educación y caricaturizado el mérito. En definitiva, el sanchismo ha peronizado España como ya antes peronizó al PSOE, pero esto segundo sólo incumbe a sus votantes mientras que lo primero nos incumbe a todos.

Lo que ahora algunos llaman «guerra cultural» trasciende a la defensa de las costumbres o del folclore: implica defender la forma del Estado, hacer valer sus contrapesos y desterrar ese perjudicial mantra importado de Latinoamérica según el cual la democracia empieza y termina en las urnas. Es necesario insistir en que, en nombre del voto, no pueden vulnerarse los derechos y libertades fundamentales, ni ideologizar la justicia, ni acabar con la neutralidad institucional. Ganar unas elecciones no habilita al electo a ignorar el principio de legalidad.

La izquierda española está en horas bajas: vacía de liderazgo, de discurso racional reconocible, de coherencia y de capacidad de autocrítica. Su vanidad lleva a sus dirigentes y valedores a menospreciar la decisión del pueblo andaluz, recurriendo a análisis peregrinos y excusas ridículas de mal pagador. La única diferencia entre Pedro Sánchez y Yolanda Díaz es que la segunda hace un esfuerzo por fingir desasosiego e inquietud, aunque sus limitaciones intelectuales la lleven a verbalizarlo recurriendo a un ramillete de expresiones cursis e insustanciales dignas de un manual de ayuda de Mr. Wonderful.

Luego está el intento mal disimulado de soslayar el descalabro propio intentando transformarlo en una derrota de Ayuso. Algo así como que el hecho de que Vox no vaya a cohabitar con el PP en el Gobierno andaluz es un fracaso de la madrileña. Pero lo cierto y verdad es que los de Abascal ni forman parte del Gobierno de la Comunidad de Madrid ni van a formar parte del de la Junta de Andalucía. La izquierda ha tenido que reconducir la alerta antifascista que estaban preparados para activar tras las elecciones andaluzas a una suerte de alerta antiayusista, sabedores de que la líder madrileña está dispuesta a combatirles parcelas de influencia que ellos consideran no afectadas por la alternancia en el Gobierno.

El sanchismo ha vaciado a la izquierda. Cuando Sánchez se marche con sus selfies a alguna instancia europea, sólo quedará un gran páramo habitado por pelotas ineptos. Ojalá los populares no repitan los errores del rajoyismo, convirtiendo al centro derecha en otro espacio vaciado. La esperanza es lo último que se pierde.

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