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David Mejía

Sí, pierde Ayuso

«El delirante señalamiento de Ayuso tras la victoria de su partido fue una artimaña para distraer la atención, pero a veces uno acierta por los motivos equivocados»

Opinión
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Sí, pierde Ayuso

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. | Europa Press

Lo mejor de las noches electorales es el después. Ese momento, ya al filo de la media noche, donde los perdedores comparecen para dar explicaciones. Los efectos lisérgicos del sectarismo se agudizan en la derrota y favorecen interpretaciones delirantes. Adriana Lastra explicó que el artífice de la victoria de Juanma Moreno era el Gobierno de España, Teresa Rodríguez (dos escaños) presumió de haber pinchado el globo de Vox (14 escaños), y Macarena Olona celebró sus resultados sin poder disimular el gesto de virgen doliente. Los analistas de guardia no quisieron perderse la fiesta y nos ofrecieron su propia sesión de teorías alucinógenas.

Pero todo viaje psicotrópico tiene su instante de lucidez. Me acordé de esa terrible película de los noventa donde Mel Gibson interpreta a un taxista aficionado a las teorías conspirativas que se convierte en objetivo de unos malos malísimos porque una de sus teorías resulta ser cierta. Mi primera reacción tras escuchar, en mitad del aquelarre postelectoral, que la perdedora de las elecciones era Isabel Díaz Ayuso fue pensar que el ácido se había ido de las manos, pero, cuidado: el taxista loco puede haber dado con algo, así sea por error. 

Isabel Díaz Ayuso no es la derrotada, pero pensar que la victoria de Juanma Moreno no la afecta es una ingenuidad. Hasta el domingo Ayuso cabalgaba sobre una excepcionalidad que ahora comparte y esto devalúa su marca. Hay otro general en la sala, cuyos galones, además, han sido ganados en un campo más hostil. No olvidemos que la victoria de Moreno ha sido menos épica, pero más heroica: el PP empezó a ganar elecciones en Madrid en 1991, pero la mayoría absoluta en Andalucía es un trofeo único.

Ayuso compartirá el olimpo con un hombre del mismo partido, pero de distinta estirpe y esto puede debilitarla internamente: el ascenso de Moreno decanta el posible duelo por el alma del PP a favor de los templados. Además, su estilo informal y confrontativo se ha demostrado prescindible tanto para tumbar al PSOE como para frenar a Vox. En Génova han constatado que existe otra forma de ejercer de contrapoder frente al sanchismo. Una forma quizá más envolvente, en tanto prescinde de fórmulas excluyentes como el famoso «socialismo free».

El delirante señalamiento de Ayuso tras la victoria de su partido fue una artimaña para distraer la atención de los verdaderos perdedores, pero a veces uno acierta por los motivos equivocados. Que Ayuso no perdiera el domingo no significa que la victoria de Moreno no la haya situado en la incómoda situación de compartir una corona. 

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