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Pilar Marcos

Pedro y los 'señoros’

«La inmensa mayoría de los españoles que están ya muy hartos del postureo gubernamental pagado con su empobrecimiento diario»

Opinión
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Pedro y los 'señoros’

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la cumbre de la OTAN. | EP

Una conspiración judeomasónica se cierne sobre la cabeza del gobierno-más-progresista-de-la-historia. No es la primera vez que un mandamás en-este-país nos alerta de cómo intentan dañarle con conspiraciones judeomasónicas. La anterior nos la contaban en el No-Do que echaban por el cine antes de cada película. La actual, en otro No-Do que echan por los medios  amigos, antes y después de cualquier cosa. Los judeomasones de hoy, según nuestro actual mandamás, son señoros que fuman puros en cenáculos madrileños, incumpliendo flagrantemente la ley antitabaco.

Lo más sorprendente de la respuesta de «los poderes oscuros» no es que estuviera preparada, sino que no desatara un incontenible ataque de risa en sus entrevistadores al escucharla. O quizá es que esos interlocutores saben bien que son multitud las señoras, los señores y les señoros que aguardan el momento en el que cobrarse facturas pendientes del actual mandamás para depositarlo democráticamente en la papelera de la Historia.

Son multitud, en primer y muy destacado lugar, en su partido. La peculiar forma de ejercer el liderazgo de Pedro Sánchez le ha hecho acumular ingentes cantidades de cadáveres políticos, casi todos muy socialistas, en el armario de su mandato. Es bien sabido que, en política, «los muertos que vos matáis gozan de buena salud«. Una buena salud muy agriada con el disgusto acumulado por malvivir apelotonados en el armario de los cadáveres políticos. El problema, cuando la acumulación es excesiva, es que las puertas del armario suelen ceder, y todos esos zombis guillotinados por el arbitrario capricho del mandamás salen en amontonada manifestación para arrasar con él y con su (última) camarilla. No hay que irse muy lejos (en el tiempo y en el espacio) para rememorar una abrupta rotura de compuertas de esas características.

Otra multitud, menos masiva pero muy influyente, la forman los más relevantes cargos de instituciones que deben (y quieren) ser independientes. La insuperable combinación que exhibe nuestro mandamás de sectarismo, incapacidad técnica y desabrochado intervencionismo para okuparlo todo exaspera y solivianta hasta a los más partidarios. Y los menos simpatizantes echan humo sin necesidad de fumarse puro alguno.

Estas dos multitudes no frecuentan eso que Sánchez llama los cenáculos madrileños donde se fuman puros. Tampoco sabrá dónde quedan tales cenáculos la apabullante multitud que más debiera preocupar a nuestro vigilante de conspiraciones judeomasónicas contra su persona: la multitud de la inmensa mayoría de los españoles que están ya muy hartos del postureo gubernamental pagado con su empobrecimiento diario.

El empobrecimiento es impresionante. Tenemos que retrotraernos a 1985 para encontrar una inflación equivalente a la que nos ha regalado el Gobierno de Sánchez. 1985 fue el año de ingreso de España en la UE y aún faltaban tres lustros para estrenar el euro. Pues un 10,2% de inflación y subiendo. Eso significa que somos, como media (y como mínimo) un 10% más pobres que hace un año, cuando la inflación ya empezaba a hacer de las suyas. Un empobrecimiento tan impresionante esquilma la capacidad de ahorro de las familias que podían ahorrar y castiga a una inevitable reducción del consumo de las que llegaban justas a fin de mes por la sencilla razón de que ya no llegan: por eso esta inflación abre la puerta a la recesión (a la estanflación). Y es que un 10% de empobrecimiento inflacionista volatiliza nómina y media de quienes cobran el sueldo en 14 pagas. 

La inflación, además de empobrecer a todos, engorda las arcas públicas sin necesidad de subir los tipos impositivos

En este marco incomparable lucen exuberantes las fotos de la ministra de Igualdad y sus amiguis de tour por Estados Unidos. Hasta se cuenta que fueron en Falcon, que ahorra mucho y contamina poco. Gracias a la inflación, a ellas no les falta el dinero público. Porque la inflación, además de empobrecer a todos, engorda las arcas públicas sin necesidad de subir los tipos impositivos. Todo en frío y sin hacer ni caso a la muy derechista propuesta de Alberto Núñez Feijóo de devolver a la gente, en especial a quienes tienen las rentas más bajas, el exceso de recaudación causado por la inflación. 

No. Mejor hablamos de «poderes ocultos», de «poderes oscuros», de señoros reunidos en cenáculos mientras fuman puros… Aunque para señoros puros -purísimos- los de Bildu.

Este mes de julio que estamos empezando se cumple el 25º aniversario de un julio que arrancó en la madrugada del día 1 con las escalofriantes imágenes de un hombre reducido a espectro humano por 532 días de brutal cautiverio en un húmedo ataúd escondido bajo una nave industrial en Mondragón. Un mes de julio que olvidó que al inicio de esa misma madrugada del día 1 los mismos nazis que habían tenido sepultado en vida a José Antonio Ortega Lara decidieron poner fin al secuestro, de 232 largos días, que padeció Cosme Delclaux. 

Un mes de julio que atesora una impresionante respuesta unánime, serena, lúcida y unida de la sociedad española contra ETA cuando la banda, en señal de venganza, secuestró y asesinó despacito a un muchacho que había cometido la enorme tropelía de ser concejal del PP en su pueblo: Ermua. El Rey, entonces Príncipe Felipe, participó en todas las muestras de dolor por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco. 

El Rey será lógicamente muy bienvenido en los actos de conmemoración en Ermua del 25º aniversario de aquel terrible julio. Pedro Sánchez se ha apuntado. ¡Claro! ¡Es una foto! Irá sin renunciar a sus pactos con Bildu, albacea político de ETA. Irá sin siquiera dar la más mínima explicación de por qué ha comprado a los testamentarios del terror su mendaz relato de un longevo franquismo que enloda, incluso, la victoria socialista de 1982 al extender la dictadura hasta, como mínimo, 1983. ¿Por qué no hasta el feliz advenimiento de su persona, tras la moción de censura contra Rajoy? O, por ser generosos, ¿por qué no hasta el pacto de Zapatero con ETA? O, mejor aún, ¿por qué no posponerlo hasta que llegue el delirante cambio de régimen con el que sueñan sus socios -de Bildu y aledaños-, y en el que solo tengan cabida política quienes ellos consideren oportuno?

En el entretanto, demos amigables entrevistas contando que nos acechan «poderes oscuros» que fuman muchos puros. 

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