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Pilar Marcos

Solas y borrachas, ¡todas a casa!

«Los primeros que padecieron la impronta de la ‘ley del solo sí es sí’ fueron los exministros Juan Carlos Campo y Carmen Calvo»

Opinión
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Solas y borrachas, ¡todas a casa!

Irene Montero. | Europa Press

El 3 de marzo de 2020, para convocar su manifestación del 8 de marzo sin atender a la creciente alarma internacional por la expansión de un virus desconocido que había llevado nada menos que a la suspensión de los Carnavales de Venecia, el Ministerio de Igualdad publicó un tuit en defensa de su hoy lamentablemente bien conocida ley del solo sí es sí.

El trino del Ministerio de Irene Montero decía textualmente: 

La #LeyLibertadSexual quiere dar seguridad y protección a las mujeres.

Queremos que el grito feminista «Sola y borracha quiero llegar a casa» se convierta en una realidad para dejar de vivir con miedo. 

Los derechos de las mujeres nunca más se perderán en callejones oscuros

Es un misterio el origen feminista de la insólita reclamación «sola y borracha quiero llegar a casa«. O en qué «callejones oscuros» se habrían perdido los derechos de las mujeres hasta el advenimiento de la increíble pandilla de Igualdad. Sí sabemos que, dos años y medio después, Irene y sus compas viven atrapadas en una soledad creciente -que incluye su extrañamiento de los socios de Gobierno, de la coalición parlamentaria y de los partidos que dieron su voto favorable a su ‘ley integral’-, además de ebrias de un poder que se les escurre de las manos. Las impulsoras del eslogan y de su defectuosa norma legal respaldada por un tuit están más cerca que nunca de volver pronto a sus casas. ¿Solas y borrachas?

Es bien sabido que la carrera laboral de Irene Montero comenzó en Saturn. Y que después logró catapultarse al estrellato gubernamental de la mano de dos personajes saturnales: el padre de sus hijos, jefe de facción e indiscutible promotor político, y el presidente del Gobierno. Su presente y futuro, antes de volver a casa, mantiene una dependencia umbilical con ambos. De Saturn a dos Saturnos, con la bien retratada afición saturnal de devorar a los propios hijos.

«Yo no haría noticia [de ello], porque esto alarma mucho a las mujeres», suplicaba esta semana una atribulada exjuez Victoria Rosell tras ver como hasta la asociación judicial de la que fue portavoz (Jueces para la Democracia) pedía contención y respeto hacia quienes, simplemente, aplican la ley, por deficiente que ésta sea. 

Y hay una cosa en la que Rosell, hoy delegada del Gobierno para la Violencia de Género, tiene razón. No es justo poner todo el foco («hacer noticia», en su peculiar lenguaje) en la innegable responsabilidad de la ministra Irene Montero, y de su equipo, en la ‘ley de sólo es sí el sí de las niñas‘. ¿Por qué? Pues porque es competencia del Ministerio de Justicia la modificación de normas tan relevantes como el Código Penal, y porque fueron coproponentes de la ley, además de Justicia, los Ministerios del Interior, de Política Territorial y Función Pública, y de Derechos Sociales y Agenda 2030.

Es decir, los ministros Pilar Llop (Justicia), Fernando Grande-Marlaska (Interior), Isabel Rodríguez (Política Territorial y Función Pública, además de Portavoz del Gobierno), y Ione Belarra (Derechos Sociales y Agenda 2030) son tan culpables del fiasco como Irene Montero. En realidad, lo es todo el Consejo de Ministros, por el que la norma pasó (que se sepa) en dos ocasiones, con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como máximo responsable. 

«Pedro Sánchez impulsó que la norma fuera un proyecto de cinco ministerios. Ahora con el de Irene Montero le sobra»

Cuando parecía buena idea, Sánchez impulsó que la norma fuera un proyecto de cinco ministerios. Ahora con el de Irene le sobra. Con un detalle retrospectivo: las víctimas de agresiones sexuales que sufren estos días al ver cómo sus violadores logran rebajar sus penas, o salir prematuramente de la cárcel, gracias al singular feminismo del Ministerio de Igualdad y de todo el Gobierno no son las primeras damnificadas por la ley del sí de las niñas’.

Los primeros que padecieron su impronta fueron el «machista frustrado» (en calificación de Pablo Iglesias) y la «feminista de otra generación» (en descripción de Pedro Sánchez). Es decir, cayeron víctimas de ese fuego-amigo los ya exministros Juan Carlos Campo (Justicia) y Carmen Calvo (Vicepresidencia). 

Lejos queda la petición del Ministerio de Justicia al de Igualdad antes de que Campo fuera sustituido por la silente Llop: «Se ruega encarecidamente su estudio de manera sosegada». ¿Estudio? ‘¡Qué caduca antigualla; nosotras somos de competencias!’ ¿Sosegada? ‘¡Qué rancio anacronismo; nosotras somos del progresismo rupturista!’

No sería justo «hacer noticia» de que el Gobierno conceda beneficios penitenciarios a los violadores con una retórica de flamígera condena que incluye a quien ose piropear a una chica en la parada del autobús, porque ése es, precisamente, el método para reformar la legislación que utiliza Pedro Sánchez. La metodología de cancelar el delito, pactando (o no) con el delincuente, en medio de una retórica de reforzamiento de las condenas, no se ha estrenado con el artefacto legal del ‘sí de las niñas‘.

Este jueves el Congreso votará la supresión del delito de sedición porque así conviene a los sediciosos condenados por la intentona golpista (posmoderna, pero golpista) de otoño de 2017. Y la malversación está en capilla para beneficiar, precisamente, a los mismos. 

La metodología no es en absoluto novedosa. Consiste en «llamar a las cosas por los nombres que no son», y tomar decisiones mirando a lo que no son para eludir lo que son. Si echamos la vista atrás, nada menos que a mayo de 2005, una mujer ya mayor terminó así su carta de queja a los socialistas por el entonces proceso de paz con ETA: «Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos, y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son. A tus pasos los llamarán valientes». La mujer se llamaba Pilar Ruiz Albisu y guardaba luto por el asesinato de su hijo, el socialista Joseba Pagaza.

Tampoco sería justo «hacer noticia» del momento preciso al que espera Pedro Sánchez para colmar el deseo de vuelta a casa (solas y borrachas) del equipo de Igualdad. Ocurrirá después de garantizarse los Presupuestos y en el momento en el que sea más conveniente para reforzar el único artefacto que a él le importa: su Frankenstein. 

El Frankenstein presente aún depende de los votos en los que sigue mandando Pablo Iglesias, con Irene Montero de visible amazona. El Frankenstein futuro dependerá más de ese Sumar-restando que intenta cabalgar Yolanda Díaz. Como implora Victoria Rosell, «yo no haría noticia»… tampoco del cambio de amazona. Aunque será noticia, y no tardando mucho.

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