Jaume dUrgell

Oportunidad para la paz

La rendición de Sultani Makenga, líder militar del M23, permite vislumbrar una razonable esperanza para la paz y la consolidación del Estado de Derecho en la República Democrática del Congo

Opinión

Oportunidad para la paz

La rendición de Sultani Makenga, líder militar del M23, permite vislumbrar una razonable esperanza para la paz y la consolidación del Estado de Derecho en la República Democrática del Congo

La mejor de las noticias que cualquier periodista pueda comunicar, el mejor de los deseos que cualquier ser humano pueda concebir y la mejor de las labores políticas, diplomáticas e incluso militares que cualquier persona de Estado pueda llevar a cabo es el fin de la guerra.

La consecución de la paz se nos antoja como la buena noticia por antonomasia, pero un segundo análisis debería conducirnos a una reflexión más pausada, enriquecida con la necesaria ponderación del contexto, el lento sopesar de los actores, las fechas y los hechos, de los pros y contras de cada escenario.

Así, sabemos que hay estados de aparente ausencia de hostilidades, tras los que se esconden afrentas que avergüenzan al conjunto de la familia humana. Por citar tan solo un par de ejemplos: baste recordar la brutal, masiva y prolongada represión que siguió al 1 de abril de 1939 en España, o el genocidio contra la población tutsi durante 1994.

Ya en el contexto centroafricano, la noticia de la rendición de Sultani Makenga, líder militar del Movimiento 23 de Marzo (M23), su puesta bajo custodia de las autoridades ugandesas y la posterior desmovilización de los efectivos que componían dicho grupo rebelde, constituye una excelente noticia, porque permite vislumbrar una razonable esperanza para la paz y la consolidación del Estado de Derecho en la República Democrática del Congo.

No obstante, con el adiós a las armas del M23 no terminan todas las amenazas para la convivencia. Este mismo miércoles el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas dejaba constancia de que la siguiente preocupación de la comunidad internacional consiste en hacer frente al resto de grupos armados presentes en la zona, y de un modo muy particular, a las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), fuertemente apoyada desde el exterior.

Hoy, más que nunca, es hora de que la diplomacia multilateral propicie un horizonte de paz. Es preciso, irrenunciable e inaplazable que las altas partes directamente implicadas en el conflicto —la citada República Democrática del Congo, pero también Ruanda y Uganda— y las potencias con intereses presentes en la zona —singularmente Francia y Estados Unidos— alcancen posiciones de consenso que permitan dar pasos firmes hacia un horizonte de paz y prosperidad que a todos beneficiaría, más allá de los intereses parciales que cada cual pueda arrogarse sobre los valiosos recursos minerales —oro, cobre, cobalto y coltán— que alberga el subsuelo de la región.

Denle una oportunidad a la paz. Dejemos que sean las palabras quienes tomen el relevo a las armas… Y si el diálogo fracasa, es que deben dialogar más.

 

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