Manuel Arias Maldonado

Origen

«¿Un Chernóbil chino? Lo dudo: esta idea solo tiene sentido aplicada a la supresión oficialista de información sobre el estallido de la epidemia en Wuhan por miedo a las consecuencias políticas»

Opinión

Origen
Foto: Thomas Peter| Reuters
Manuel Arias Maldonado

Manuel Arias Maldonado

Catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Málaga y colaborador habitual en prensa y medios culturales.

Mientras los medios de comunicación se ponen a hablar de una «quinta ola» y algunos nos vamos quitando las mascarillas al aire libre, el Partido Comunista Chino —92 millones de miembros— celebra su primer centenario fortalecido por la gestión de una pandemia cuyo origen está todavía por aclararse. Es difícil saber qué recorrido tendrá la hipótesis según la cual el SARS-CoV-2 sale de un laboratorio de Wuhan; dudo que tengamos jamás pruebas de que eso sucediera. Sin embargo, la importancia del relato sobre el origen de la pandemia no puede exagerarse, como hemos comprobado durante este año y medio: prescripciones sociales de todo tipo se han derivado de unas hipótesis que no por casualidad reflejan las preocupaciones de nuestro tiempo. Para muchos intérpretes, sería un inconveniente que el virus saliera de un laboratorio chino: la humanidad en su conjunto y el capitalismo en particular serían menos culpables de lo que se ha venido diciendo.

Recordemos cuál ha sido el relato dominante: la especie humana, tal como ha sido modelada por dos siglos y medio de capitalismo liberal, ha penetrado en los hábitats salvajes de tal manera que el riesgo de contagio por zoonosis había ido incrementándose sin remedio. El resultado es un riesgo materializado en catástrofe: la pandemia tal como la conocemos, con su deprimente reguero de víctimas mortales. Esta explicación se refuerza hablando de los efectos que sobre la inmunidad humana tendría la pérdida de biodiversidad natural, mientras se apunta hacia la amenaza que suponen los virus que emergerán a consecuencia del calentamiento global. Resultan de aquí metáforas bien conocidas: el virus somos nosotros y la naturaleza se está cobrando su venganza. La solución pasa por quedarnos en nuestra habitación, reduciendo nuestra huella ecológica y redescubriendo el significado de la existencia en un entorno local: decrecimiento para todos.

Esta interpretación del origen de la pandemia, no obstante, resulta poco convincente. De haber salido el virus del sistema industrial de procesamiento de carne animal, asunto pendiente para todos los ilustrados del mundo, el recurso al capitalismo de masas habría sido pertinente. Pero la muerte en vivo de un animal salvaje que se ha puesto a la venta en uno de los wet markets chinos tiene otras asociaciones simbólicas, ya que remite a una práctica atávica de consumo animal y llama en todo caso la atención sobre la falta de seguridad alimentaria en China y los países emergentes. Dicho de otra manera: un contagio por zoonosis que proviene de la ingesta de un animal infectado podría haber tenido lugar en cualquier momento de nuestra historia. ¿Acaso no daba noticia la prensa hace unos días —a partir de un artículo publicado en la revista Current Biology—de una pandemia por coronavirus que estalló en Asia Oriental hace 20.000 años con tal brutalidad que ha dejado su huella en nuestro ADN? Asunto distinto es que la enfermedad pueda circular a velocidad de vértigo en cuestión de semanas en el interior de un mundo globalizado: la vieja e inevitable fricción entre humanos y animales tiene distintas consecuencias según el modo en que los primeros se organicen socialmente.

En cualquier caso, hay que tener cuidado con la hipótesis del laboratorio chino. Si fue desechada inicialmente, es porque los investigadores que analizaron la composición genética del virus no encontraron indicio alguno de que hubiera podido ser creado por el ser humano. No tengo motivo para desconfiar de tales análisis, aunque otros lo harán. En todo caso, de ahí no se deduce necesariamente que el virus provenga del bosque. Por eso es necesario distinguir —y no veo que se esté haciendo— entre la fuga de un virus de laboratorio (creado con fines de investigación o por motivos más espurios) y la posibilidad de que un virus que se ha originado naturalmente salga accidentalmente del laboratorio donde se lo custodia. No es lo mismo, claro: lo primero sería terrible y lo segundo un efecto indeseado de las políticas inmunológicas contemporáneas.

¿Un Chernóbil chino? Lo dudo: esta idea solo tiene sentido aplicada a la supresión oficialista de información sobre el estallido de la epidemia en Wuhan por miedo a las consecuencias políticas. Es probable que así sucediera, con consecuencias letales para el resto del mundo. Pero Xi Jingping no es Gorbachov, ni tiene intención de serlo; su obsesión es justamente evitar que China incurra en los mismos errores que la URSS. Así que nunca sabremos lo que sucedió en Wuhan. Si me preguntan, creo que la hipótesis más ordinaria (el mercado de animales vivos) sobrepuja a la excepcional (el laboratorio) y que ninguna de las dos cambia lo esencial: las relaciones socionaturales son por definición problemáticas y solo podemos esforzarnos por hacer las cosas mejor, para nosotros y para las demás especies, sin dejar de prepararnos para lo peor.

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