Marta Parreño Gala

Orillas

Mis manos de mujer escriben en una cálida habitación de hotel, las de este hombre aparecen arrugadas en el primer plano de una foto mojada y muy fría. Han llegado pegadas a un cuerpo que no pudo llegar, arrastradas por una marea revuelta de agonías y miedos cumplidos.

Opinión

Orillas
Marta Parreño Gala

Marta Parreño Gala

Periodista y cineasta. Escribo, filmo y creo. He rodado 7 cortometrajes y trabajado en El Periódico de Catalunya, Ling Magazine, COM Radio y La Vanguardia. Ahora en Adams Editorial.

Mis manos de mujer escriben en una cálida habitación de hotel, las de este hombre aparecen arrugadas en el primer plano de una foto mojada y muy fría. Han llegado pegadas a un cuerpo que no pudo llegar, arrastradas por una marea revuelta de agonías y miedos cumplidos.

Escribo este texto a diez metros de una orilla lejana. Lejos de casa y del mar de la foto, aunque si seguimos la costa al final todas las líneas se juntan, en los mapas y en la tierra, así que las nuestras podrían unirse en una orilla infinita de arena, de agua y de sal. Lástima que ahora todas las líneas separan y sirven de valla y de muro y marcan el límite de las playas que son para bañarse y las playas que son para morirse.

Mis manos de mujer escriben en una cálida habitación de hotel, las de este hombre aparecen arrugadas en el primer plano de una foto mojada y muy fría. Han llegado pegadas a un cuerpo que no pudo llegar, arrastradas por una marea revuelta de agonías y miedos cumplidos. Mi orilla está llena de baños y risas, ahora mismo escucho unas olas que traen caracolas y espuma y un poco de paz. La suya es la de una playa de muerte, solo trae injusticia y el horror del ahogado. ¿Podrá alguien volver a bañarse en ese lugar al que las olas escupen los muertos?

“11 inmigrantes, seis de ellos niños –cuatro bebés-, ahogados cerca de Turquía”. Un titular con números, una foto de portada y sus manos de cartón ante un mar demasiado movido. Cerca de Turquía, cerca, se quedaron muy cerca. Pero solo llegaron sus cuerpos. Esta es la historia. Fin. Si todas las líneas se juntan quizás mis manos puedan recorrerlas ahora, para llegar a las suyas, agarrarlas, e implorar un perdón que nunca nadie le pedirá a pesar de merecer no uno, ni mil, ni once mil, sino todos los perdones que deben pedirse y que se han quedado vagando entre olas y mares marcados por líneas rectas y oscuras. 

Contexto

    Más de este autor

    La pureza y las mujeres

    16 becas pero solo para jóvenes vírgenes. Así abre la noticia. Es el requisito que ha impuesto la alcaldesa de una localidad de Sudáfrica para otorgar becas escolares: la virginidad. Y yo me pregunto muchas cosas, entre ellas la siguiente: ¿Las toquetearán y les harán pruebas para comprobar que además de impuras no son mentirosas? La noticia no menciona edades, pero sí géneros, y una vez más es el nuestro, chicas, el que se lleva la palma. Así que ahí va otra pregunta: ¿Por qué se presupondrá que la pureza es solo cosa nuestra? A colación de la cuál me nace la siguiente: ¿Qué tendrá que ver la pureza con el sexo? ¿Y por qué sigue siendo el sexo tan problemático en más de medio mundo, por no decir en el mundo entero?

    Opinión

    Oda a las cosas

    Le robo el título a Neruda porque el periódico que sostiene este hombre no es solo un periódico. Y él ya evocó algo parecido en su “Oda a las cosas”. Este periódico no es un periódico porque es un clavo al que agarrarse en mitad del precipicio, una luz tenue pero testaruda que llega hasta el fondo de un pozo muy hondo. Siempre me ha fascinado la manera que tenemos de restablecer la normalidad en medio de la destrucción; cómo pequeños detalles le sirven a uno para ascender a la superficie y respirar cuando parece que todo se acaba.

    Opinión

    Más en El Subjetivo

    Jordi Bernal

    Sin complejos

    «Digo yo que tipos que necesitan exhibirse con el puro en plan Terminator o improvisan una secuencia de Rambo/Torrente en un campo de tiro algunas carencias de autoestima arrastrarán»

    Opinión