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¿Para qué sirve un presidente?

"Sánchez intenta ejercer el papel de presidente: solemne, calmado, un intento de ejemplaridad pública. No se le da especialmente bien"

Foto: EPA/Moncloa | EFE

¿Cuál es la función de un presidente? Un político vende su marca personal, se promociona, construye su imagen, pero un presidente tiene que ser “presidencial”, no puede dedicarse a cuestiones de la batalla política cotidiana. Se entiende que está por encima de eso. Es el cliché de cualquier político tras ganar unas elecciones: gobernaré no solo para los que me votasteis, sino para todos. El presidente, por lo tanto, tiene que centrarse en sus intervenciones en las cuestiones verdaderamente trascendentales de la gobernanza, cuestiones de Estado, que son diferentes a la política.

Pedro Sánchez sabe bien esto. Mientras los ministros usan sus puestos y las instituciones que dirigen para la guerra cultural y la batalla política cotidiana, Sánchez intenta ejercer el papel de presidente: solemne, calmado, un intento de ejemplaridad pública. No se le da especialmente bien. Se le notan las costuras y resulta siempre sobreactuado. Estos errores se han acentuado en la actual crisis. En momentos como el que estamos viviendo surgen liderazgos inesperados. El de Sánchez no es uno de ellos.

Como intenta ser presidencial y solemne, se olvida de hacerse entender o de ser claro. Podría decirse que su función no es esa, sino inspirar confianza o ejercer el liderazgo; ya otros ministros o el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad se ocupan de las tareas divulgativas. Pero Sánchez prefiere anticiparse a las explicaciones. Quiere ser el portador de las buenas noticias, como es comprensible.

Esto provoca situaciones extrañas: el presidente anuncia una noticia positiva pero es incapaz de concretarla él mismo. La ciudadanía tiene que esperar a leer el BOE o la prensa para saber exactamente a qué se refería. El episodio de las fases del desconfinamiento es un claro ejemplo. Sánchez quería anunciar que se iniciaba una desescalada, que la ciudadanía puede interpretar como una buena noticia, pero no era capaz de concretarla claramente.

Los periodistas expertos en regulación y en el BOE, como Eva Belmonte (aquí puedes donar a la Fundación Civio, que ha sido esencial para explicar la crisis), fueron cautelosos desde el principio y añadieron en sus explicaciones que todo estaba en el aire. Las palabras del presidente no servían de nada hasta no ver el BOE. Es una estrategia de comunicación poco inteligente. El presidente anuncia las medidas casi como globos sonda. Cuando llegan a la ley no tienen nada que ver. ¿Qué valor tiene la palabra de un presidente al que escuchamos pensando: “bueno ya nos enteraremos por la prensa y cuando salga el BOE”?

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