Joaquín Jesús Sánchez

¿Para qué sirve un rey?

«Lo mínimo que uno puede pedirle a una institución anacrónica de carácter simbólico es que se tome en serio a sí misma».

Opinión

¿Para qué sirve un rey?
Foto: Ballesteros| EFE
Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez (Sevilla, 1990) estudió Filosofía y escribe crítica de arte, crónicas malhumoradas y artículos de variedades. Puede seguir sus trepidantes aventuras en www.unmaletinmarron.com

Don Felipe y doña Letizia se están haciendo las provincias a ver si así reactivan el turismo, sin que el turismo se haya dado por aludido. Mientras tanto, no paran de salir papeles que parecen demostrar que don Juan Carlos, tan pronto soltó el timón de la Transición, se dedicó a llenarse los bolsillos cobrando comisiones. ¿Quién iba a pensar que el mejor embajador de España, el amigo de los saudíes, el que se dejaba regalar barcos, no era incorruptible?

Ya sé, ya sé. Juan Carlos nos trajo la democracia (ja) y nos salvó el pellejo el 23F (ja). Me imagino que, por esa lógica, cualquiera que haya hecho algo medio a derechas tiene el derecho a perpetuarse en su cargo hasta la muerte. Y sí, hasta donde sabemos, Felipe es un señor rectísimo, y los pecados de los padres no deben cargarse sobre los hijos, salvo que el único mérito laboral del hijo sea, digamos, genealógico.

Lo mínimo que uno puede pedirle a una institución anacrónica de carácter simbólico es que se tome en serio a sí misma. Boato, señores. Venga chambelanes, gentileshombres, pelucas empolvadas y ujieres dando bastonazos para anunciar a las visitas. La peor idea de la Iglesia católica fue la reforma litúrgica, porque un dios al que se le puede tutear y tocar la guitarrita no es Dios. Nuestros reyes nos han enseñado que comen como una familia normal, que ven películas como usted y como yo y toda una sarta de banalidades. Si a la monarquía le quitas la solemnidad, solo te queda el nepotismo y el cohecho.

Pero… ¿para qué nos sirve un rey? En lo que llevamos de pandemia creo que don Felipe salió una vez a decirnos «ánimo, muchachos». Un mensaje crucial, sin él nos habríamos matado o ¡algo peor! También hablaron las chiquillas, para confraternizar con el resto de niños encerrados en España. Hubo mucho cachondeo en Twitter con imágenes aéreas de la Zarzuela. Como la comunicación de los reyes la lleva un republicano, se difundió que la reina estaba confinada en una habitación que es más grande que mi casa. ¡Genios! Por si todos estos gestos no habían despertado en nuestros corazones una cálida cercanía con nuestros monarcas, ahora se están dando un baño de multitudes en el que no parece respetarse el distanciamiento social. Todo servicios indispensables a España, oiga.

Qué desalentador: papá es un corrupto y el zagal no nos sirve para mucho. Y eso que está preparadísimo (si con las facilidades que ha tenido nos sale merluzo es para exiliarlo). Peor me lo ponen.

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