Elisa Lopez Aguado

Paramnesia

Quizá quede un lado de la paramnesia por explorar: el del siglo XXI, el que nace de la comparación visual. El que brota tras un siglo tan sangriento –como fue el XX– que no importa si no se han vivido las guerras, mundiales o locales.

Opinión

Paramnesia

Quizá quede un lado de la paramnesia por explorar: el del siglo XXI, el que nace de la comparación visual. El que brota tras un siglo tan sangriento –como fue el XX– que no importa si no se han vivido las guerras, mundiales o locales.

Varios hombres se abrazaban a la tierra y reptaban decididos, como si su uniforme, manchado de barro y sangre, les hiciera invencibles. Sus dedos eran ya lombrices de tierra, y escarbaban en busca de minas antipersonas para que sus compañeros no volaran. Eran habilidosos. En ocasiones, tenían éxito. En otras, una nube de humo, barro y carne cubría el cielo. Sucedía en la costa de Normandía, hace setenta años.

Hoy, aguas más lejanas, las del río Amarillo de China, han acogido otro bombazo. Al ver la humareda en pantalla, una tiene un déjà vu y teme lo peor sin leer más. Piensa en ataques terroristas y hace cábalas sobre cuántos civiles habrán fallecido. O cuántos niños. Pero esta explosión no ha pillado a nadie por sorpresa. Tampoco tiñe la atmósfera de carmín y negro. Es el resultado de la detonación de 1.775 kg de explosivos, 26.500 balas, 16.900 detonadores y 150 bombas antiguas que la Policía había confiscado en una redada días antes.

Nadie murió en aquella explosión. Lo sabemos. Pero la imagen quita la respiración. El tiempo aprovecha el momento y se congela para recordarnos la crudeza del hombre y de la guerra, evoca tragedias valiéndose del humo y genera ese déjà vu. invoca la paramnesia. La ciencia insiste en explicarnos que los déjà vus son percepciones erróneas, unas jugarretas de un par de neuronas con mala idea, empeñadas en hacernos creer videntes por una décima de segundo. Puede que así sea. O quizá quede un lado de la paramnesia por explorar: el del siglo XXI, el que nace de la comparación visual. El que brota tras un siglo tan sangriento –como fue el XX– que no importa si no se han vivido las guerras, mundiales o locales. Ahora, las cenizas siempre nos recordarán las batallas libradas, a quienes las sobrevivieron y a los que no lo hicieron.

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