José Antonio Montano

El patriotismo imposible de Podemos

«Haber pretendido montar un peronismo español sin nacionalismo español era eso: una imposibilidad»

Opinión

El patriotismo imposible de Podemos
Foto: Fernando Villar| EFE
José Antonio Montano

José Antonio Montano

Más escritor que periodista. Desclasado y centrifugador.

Desde las apoteosis de Vox con la bandera de España (y los énfasis, por qué no decirlo, del PP y el penúltimo Ciudadanos), Podemos ha recurrido con frecuencia a la palabra «patriotismo», para decir qué es y qué no es. La respuesta se puede resumir fácilmente: patriotismo es Podemos (y el PSOE cuando se le acerca), y no lo es todo lo demás.

En realidad, todos los partidos tienden a decir lo mismo, y este es uno de los factores de la irrespirabilidad del ambiente político en España. Pero como en Podemos se da más descarnadamente, con una mayor creencia en la autenticidad propia, el fenómeno resulta más llamativo. O, si se prefiere, más espectacular. Y es el signo de una impotencia. Al fin y al cabo, Podemos se ha puesto a hablar de patriotismo tarde, muy tarde; tal vez demasiado tarde.

Arrastrado por la inercia, notablemente tontorrona, de la izquierda de este país (¡escojo esta fórmula tontorrona también; podría haber dicho «estatal»!), se lanzó a nuestra arena política con un brazo atado a la espalda: el del nacionalismo español. Rubén Darío escribió aquello de «el abrazo imposible de la Venus de Milo». Podría hablarse también del patriotismo imposible de Podemos. Es una desgracia para Podemos (seguramente su condena) y una bendición para los antinacionalistas españoles (que lo somos también, pese a la tabarra que nos dan, del nacionalismo español).

Haber pretendido montar un peronismo español sin nacionalismo español era eso: una imposibilidad. Las multitudes de Venezuela, Argentina y la Grecia de Tsipras iban embutidas en banderas. En España eso solo se daba en los nacionalismos periféricos. Errejón se dio cuenta al principio y lo intentó corregir: le salieron entonces unos discursos con indudable aroma falangista. Pero no cuajó y quizá eso nos salvó de Podemos en 2016.

No tuvimos un Podemos-Vox, que es lo que hubiera arrasado, y entonces apareció Vox para mostrarle a Podemos lo que se había perdido; el combustible que dejó pasar para sus inflamaciones. Vox, por fortuna, tampoco puede hacer mucho porque tiene un techo: es un partido nacionalpopulista pero con el límite que le da el no ser de izquierdas, o el no disponer de las coartadas de la izquierda.

Este panorama, por otra parte, nos indica el desastre performativo que es España: basta que el patriotismo español no sea de todos los españoles (y que su uso sea excluyente) para que esté averiado.

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