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Pau, grandeza y frustración

Pau merece más. Merece estar sano, merece jugar la Copa del Mundo 2014 en España, merece ganarla y merece llevarse el trofeo al jugador más valioso. Y que nosotros lo veamos.

Pau Gasol, el héroe del baloncesto español, nuestro mejor jugador de todos los tiempos, termina su temporada alejado de las canchas, su salud mermada por unos vértigos cuyo origen los médicos no consiguen determinar. Lo hace en plena frustración por el catastrófico rendimiento de su, hasta hace bien poco, potente equipo, Los Angeles Lakers, que van a batir el triste récord del mayor número de derrotas en una temporada a lo largo de una historia de más de 60 años. Y lo hace sin contrato para la próxima temporada, cuando está a punto de cumplir los 34, en un declive de su carrera que debería haber sido más placentero y triunfal.

Nadie se puede apiadar de quien lleva mucho tiempo ganando cerca de 20 millones de dólares al año, con el futuro resuelto y con un historial que no va a igualar ningún jugador español en mucho tiempo. Pero hay siempre un poso de frustración en el camino de Pau, algo que no le ha permitido saborear todos los triunfos y todos los reconocimientos que debería haber cosechado. El momento estelar e inigualable del título mundial de 2006 tuvo que pasarlo vestido de paisano, dolorido en el banquillo porque en la semifinal había sufrido una grave lesión. Sus compañeros se encargaron de arrasar a Grecia en esa final, pero… no es igual. Luego llegaría aquel Europeo en casa, en Madrid, cuando Rusia se impuso contra todo pronóstico y Gasol falló en el último segundo el tiro que habría sido el de la victoria. Y, siempre, esa manera de jugar engañosamente fácil, indolente para algunos, que tan a tiro les pone la crítica más acerba a los forofos cuando las cosas pintan mal: ayer en Memphis, hoy en California.

Pau merece más. Merece estar sano, merece jugar la Copa del Mundo 2014 en España, merece ganarla y merece llevarse el trofeo al jugador más valioso. Y que nosotros lo veamos.

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