Aloma Rodríguez

Percepción

«Algunas cosas de la vida de mis padres a mi edad eran mejores (creo que se reducen a la vivienda), pero desde luego no creo que en términos globales fuera mejor»

Opinión

Percepción
Foto: Fotograma de «El año del descubrimiento»
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

El año del descubrimiento, el segundo largo de Luis López Carrasco, ganó el Goya a mejor documental y fue recibida, en general, de manera bastante positiva. En la película, que apenas sale de un bar, vemos a gente hablando, a veces entre sí, a veces a cámara. La gracia está en que todo está dispuesto –la luz, la ropa, etc.– para que dé la impresión de esas cintas caseras de los noventa. El episodio central de la película es el cierre de varias plantas industriales de Cartagena, consecuencia de la reconversión industrial impuesta desde Europa –es la tesis defendida mayoritariamente por quienes hablan. El cierre deriva en protestas que terminan con la quema del parlamento de Cartagena. La película tiene muchas virtudes, la principal, dejar que hable la gente, que se contradiga, que discuta o que se dé la razón. Es ambigua en cuanto a su posición y no desmiente algunas de las predicciones sobre Europa que se hacen en la segunda parte, la de la reconstrucción de la quema del parlamento. Por eso deja una cierta duda de si la película es antieuropeísta o no. El director ha dicho en varias entrevistas que no está de acuerdo con todo lo que dicen los personajes y que la ambigüedad es deliberada.

Feria, las memorias familiares de Ana Iris Simón, se abre con la frase que repitió hace unas semanas en La Moncloa, invitada a un acto sobre la agenda 2050 contra la despoblación: «Me da envidia la vida que tenían mis padres a mi edad». Algunas cosas de la vida de mis padres a mi edad eran mejores (creo que se reducen a la vivienda), pero desde luego no creo que en términos globales fuera mejor: mi padre vino a Zaragoza porque no quería hacer el servicio militar obligatorio. Tampoco compartía la idea del 15M –y sobre la que se insiste ahora– de que éramos la primera generación que íbamos a vivir peor que nuestros padres, por mucha precariedad laboral y paro juvenil que hayamos sufrido. Entiendo que ese tipo de hipérboles sirven para reactivar discusiones y afianzar derechos.

La escritora manchega reivindica la familia y su discurso desprende un cierto tufo reaccionario por sentimentaloide que no comparto: no creo que la familia en abstracto salve a nadie de nada ni nos mejore. Lo que me sorprende es que en un caso la idealización pre-europea se aplaudiera y en el otro saltaran las alarmas. Seguramente, los comentarios sobre inmigrantes en el discurso de Ana Iris Simón tengan algo que ver. «Hay una nostalgia no muy bien explicada que se mezcla con una crítica a la precariedad actual; antes se vivía mejor pero en realidad no pero en realidad sí. La moraleja es vaga y ambigua: es el capitalismo. Y, sí, claro, es el capitalismo, pero ¿qué más?», escribió Ricardo Dudda a propósito de El año del descubrimiento. La nostalgia de un pasado no vivido y rememorado de manera sesgada es igual de parcial en el discurso del 15M que en el discurso de la escritora o en el de muchos de los que hablan en la película de López Carrasco.

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