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Perejil con sangre

Cuando a Susana le prepararon el Ritz como una mesa en el Orient Express con platería de Cleopatra, llevaba semanas de presidenta andaluza. Aún parecía ir con Griñán, su padrino difunto, en un colmillo o en un tarro. Ante el socialismo desmoralizado y el establishment temeroso del secesionismo, dijo lo que todos querían escuchar, incluso aunque ella votó aquel Estatut. Todavía no había gobernado, no había hecho nada, sólo heredar ese imperio de moscas que es Andalucía. Pero la tomaron por salvadora como tomaron por princesa a la florista de My fair lady: por atrezo, abanicazos de pestañas y frases sobre el tiempo aprendidas frente a una bocina o un loro.

En el Ritz, con abrecartas envenenados, intuimos que el siguiente muerto sería Rubalcaba. Así fue. Y cuando Susana colocó a Sánchez de perchero para su armiño, también lo vimos muerto como un esbirro de película. Sánchez se ha resistido, pero su fin era inevitable. No ha caído por los malos resultados (¿lo hubiera hecho mejor Susana, con su batacolismo, sus ERE y esta izquierda fragmentada?). Ni por querer pactar con el Diablo (la política es eso). Ni por España. Ha caído porque estaba previsto y era más débil que nunca. La historia de Susana se cuenta con cadáveres, como un ballenero.

Lo de Susana ni es socialismo ni deja de serlo. Es un peronismo pantojil. Habla de “mis colegios, mis hospitales, mis dependientes” como una mamá pata. Pero no hace nada, sólo discurso performativo, intriga sin gobernanza, antipolítica del puro poder. Mientras en las televisiones posa de estadista igual que una portada de Bonnie Tyler con tigre, en Andalucía se limita a repartirle al pueblo perejil para San Pancracio.

Susana retrasará el congreso hasta asegurarse una aclamación sin primarias reales, un salto rociero. Incluso disolviendo o anulando alguna federación. Sólo si Rajoy se le adelanta convocando elecciones, quemará otro peón. Y muchos años y muertos después de dejar tirados a unos compañeros socialistas para entrar en las listas municipales de Sevilla, llegará al último escalón, como ante San Pedro. Pero la carnicería la mancha. Y es la heredera de un cortijo a la cola de Europa y con dos expresidentes procesados. Aun dueña del PSOE, dudo que fuera de Andalucía le compren ese perejil con sangre y roña, sólo por ir de violetera. Para entonces, la socialdemocracia española será un personalismo folclórico y un musical de barberos y limpiabotas.

 

Lee también la opinión de Agustín Rivera:

Susana_Diaz_AgustinRivera

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