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Opiniones libres de algoritmos

Opiniones libres de algoritmos

¿Piedra, móvil o tijera?

Crecí en un tiempo en que los niños se aburrían. Los niños no estaban ocupados y felices todo el rato. Cuando yo era niño no existía la Red A lo Ancho del Mundo, no había teléfonos inteligentes ni Wikipedia.

Crecí en un tiempo en que la gente iba por la calle hablando y mirándose a la cara mientras caminaban, los chavales se distraían dando patadas a un balón o cavilando cualquier cosa y solo tenían carné de identidad los mayores de dieciocho años. Aquel carné de papel plastificado se llevaba en la cartera y el pasaporte parecía una libreta de ahorro. Por aquel entonces se habló de la conveniencia de poner a disposición de los ciudadanos un carné ignífugo e irrompible. La idea era buena a pesar de que el documento resultaba costoso. Además había un pequeño detalle que pasó inadvertido: no era imperdible.

Unos años después, los españoles llevamos un DNI de plástico rígido provisto de sistemas informatizados de seguridad. La sociedad de hoy ha avanzado mucho; sin embargo, desprecia el papel. Hemos dejado atrás de manera irreversible la máquina de escribir, la cámara de fotos, el sobre y el sello. Quizás la escritura a mano sea lo próximo en caer. Nadie lleva la fotografía de una mujer en el bolsillo.

A mí me preocuparía acabar viviendo en una sociedad sin papel –paperless- como se vaticina en el pie de foto de la noticia. Me preocuparía no tener elección en un mundo de pantallas digitales que paradójicamente renuncia al sentido del tacto de las cosas al conceder el favor de la omnipresencia al smartphone.

Si seguimos así, con el tiempo dejaremos de ponerle pilas a la radio o leer los periódicos en papel, nos acercaremos a un 1984 que aún no ha llegado.

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