Jon Navascues

Pocas luces

Dos criaturitas se manifiestan contra el aborto contribuyendo con sus candelas a formar lo que parece una figura. ¿Será un corazoncito? ¿Un querubín? ¿Jesús? ¿Un feto pringoso?

Opinión

Pocas luces

Dos criaturitas se manifiestan contra el aborto contribuyendo con sus candelas a formar lo que parece una figura. ¿Será un corazoncito? ¿Un querubín? ¿Jesús? ¿Un feto pringoso?

Piden por las vidas de los que no nacieron. Encienden velas cerca de una iglesia ortodoxa en Minsk. Eso reza el texto que acompaña la foto. Dos criaturitas se manifiestan contra el aborto contribuyendo con sus candelas a formar lo que parece una figura. ¿Será un corazoncito? ¿Un querubín? ¿Jesús? ¿Un feto pringoso?

Porque se rompió la goma, porque una píldora se dejó de tomar, porque un ángel bajó de las nubes para fecundar sin que nadie se lo pidiera o porque, qué coño, la cosa se puso cachonda y sin saber cómo, con la sangre lejos del cerebro, se empezó rozando con la puntita y acabó el tema pues así, de aquella manera: al frote puro y duro. O también porque un malnacido decidió forzar a una mujer. Me da igual. El aborto es un derecho, por muy gallardos que se pongan algunos.

Hay que ser responsable, a nadie le gusta abortar ni a nadie le gusta tomarse una bomba hormonal, eso vaya por delante -en este caso por el medio, vale-. Pero llamar ‘genocidio silencioso’ al aborto es un disparate. Un delirio. Hacerse llamar provida a costa de decidir sobre la de los demás, incoherente. Obligar a tener a una criatura que no se quiere tener, una condena tanto para unos como para el otro. El delito: la lujuria. O echar un polvo, que viene a ser lo mismo.

Prefiero encender una vela por las parejas que optan por la sensatez, los que deciden que las etapas fluyan, por aquellos que no quieren hacer un castigo de una ilusión. Por los que prefieren dedicar su vida a un niño sano, que tendrá las mismas oportunidades. Por los bebés que nacen en un entorno estable, por esos que llaman mamá a su madre y no a su abuela por el qué dirán.

Aunque, mejor que encender una vela al Señor, yo soy más de brindar por la felicidad y el derecho a decidir de los que estamos y de los que vendrán. Porque vendrán, solo que en el momento justo, nada más.

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