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¿Podría el PP llegar a ser útil?

Foto: Carlos Barba | EFE

Pablo Casado tiene que dar respuesta a la gran pregunta: ¿qué quiere ser el Partido Popular? Mariano Rajoy renunció a la definición ideológica (ni liberales ni conservadores) en aras de un falso pragmatismo. Olvidó aquello de que no hay nada más práctico que una buena teoría, y acabó dejándose arrastrar por las malas ideas de los demás, como la que dice que lo mejor para salir de una crisis será, sin duda, hacer la mayor subida de impuestos de nuestra democracia. O la de que lo único que podemos alegar al desafío nacionalista es la Constitución, una metonimia de la innombrable España (aunque eso es herencia del patriotismo constitucional de José María Aznar). A lo que no renunció fue a la corrupción. Aznar dijo que su partido era incompatible con la corrupción, afirmación que debió de tener una vigencia de diez minutos, y Rajoy no limpió la casa, ora por no meterse en líos, ora por no salir de la misma con toda la suciedad.

Casado ha llegado a la presidencia del PP con el único apoyo de su propio discurso; un discurso que ha ido cultivando durante años, y que tiende un puente entre el partido de Aznar y el precipicio al borde del cual lo ha colocado Rajoy. Ese discurso el sextante con el que puede orientar la nave popular en su noche oscura.

El objetivo de Pablo Casado es, no podría ser otro, convertir al PP en el vehículo de acción política del centro derecha en España. Pero ya no está solo. Ciudadanos, que debería aspirar a ser la izquierda nacional, ha devorado una parte muy importante de su electorado más informado. Y Vox ha logrado que la ruptura del bipartidismo se haga con una jugada de póker, como se ha visto en las elecciones andaluzas.

Si ha de ser así, entonces Casado debe hacer dos cosas. Dentro, tiene que limpiar el PP y hacerlo más atractivo para recabar parte del gran talento que tiene nuestro país. Para ello tiene que echar a los corruptos y rechazar componendas como la del CGPJ, por mucho que le viniesen dadas; es decir, tiene que arrinconar al PP de Mariano Rajoy. Tiene también que ofrecer a los españoles un proyecto atractivo, por el cual merezca la pena dedicar una parte de la vida. Y fuera, reagrupar al centro derecha español, con el apoyo de Vox y de Ciudadanos.

Como han demostrado las elecciones andaluzas, la cuestión nacional es la clave. Hay un intento de subvertir el orden constitucional en el que están los nacionalistas, Podemos y el PSOE. Hay ya un papel sobre la mesa, firmado entre otros por la jefa de Opinión de El País. Detenerlo e insuflar un nuevo optimismo (aunque sea moderado) por nuestro país con un programa reformista ha de ser su labor mientras siga al frente del PP. Y entonces el PP podría volver a ser un partido útil a la sociedad española.

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