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Por octubre, era octubre

Foto: ERIC GAILLARD | Reuters
Recordaremos estos días de octubre. Siempre. Desde la Brañosera de mi alma a la Málaga de mi chica. Recordaré siempre la inquietud, las camisas blancas, los sepulcros blanqueados que pidieron diálogo como en una proclamación de que el ‘paniaguado’ tiene derecho a existir: todos bajo el manto de Carmena y Colau, que no sé si son ya una y trina con el alcalde de Zaragoza en medio. Y la manifestación de Barcelona, donde hasta Borrell se comió el himno de Manolo Escobar. En mi alma quedará la proclamación ‘sietesegundina’ de Puigdemont. Y el melón de la Constitución, abierto, de nuevo, para contentar a los sediciosos que dentro de diez minutos serán pactistas: cuando sople la inmunidad y vuelva a correr la puerta giratoria del Majestic.
No nos engañemos, España ha respondido en el abismo, al borde. Cuando han saltado las costuras últimas del sentido común. Durante este tiempo se ha visto crecer y foguearse a Anna Gabriel, que en su vida se vio en tal y tan placentero aprieto: de la comuna al parlamentarismo en vaqueros y esa camiseta negra, parda, con cercos que suponemos de sudor obrerista, feminista, callejero y liberador. Ni a un señor redundante ya desde el apellido, Puigdemont, que ha cumplimentado el sueño catalán -y por ende, español- de unos meses de gloria y su nombre inscrito en la Historia. Que lo que tenga que pasar, ya pasará.
He visto cosas que no creería sin Iniesta; balcones con mi bandera, un sentimiento improvisado pero viejo: España sin más. Y España entera en BCN. Ese sentimiento, el español, que anida en las habitaciones últimas de la sangre y que rebrota los días de ‘rauxa’ y secuestro.
Fueron días de octubre, y a los autónomos nos dieron por retambufa, pero callamos -por patriotismo- nuestras demandas. Hizo sol hasta en el Norte, continuó la pertinaz sequía, celebramos a la Virgen del Pilar con más pasión que nunca. España volvió a encontrarse gracias a un señor de Gerona -generoso para algunos- y a las patatas plurinacionales que se sembraron el miércoles en San Jerónimo. El tiempo corrió. Unas cuperas saltaron en Madrid al socaire de un cartel literario. El jueves se leyó el BOE como si fuera el MARCA.
Qué días, octubre del presente. Ay

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