Roberto Herrscher

¿Por qué critican a Maduro?

Maduro no es Hugo Chávez. Hace poco más de seis meses murió el líder carismático, y su delfín designado aún no ha logrado calzarse sus zapatos

Opinión

¿Por qué critican a Maduro?
Roberto Herrscher

Roberto Herrscher

Periodista, licenciado en sociología y profesor universitario. Master en Periodismo por la Universidad de Columbia y posgrado del Instituto para el Desarrollo de Periodismo Internacional de Berlín (IIJB), reside en Barcelona, donde dirige el Master de Periodismo BCNY.

Maduro no es Hugo Chávez. Hace poco más de seis meses murió el líder carismático, y su delfín designado aún no ha logrado calzarse sus zapatos

Sí, se montó en bicicleta para un acto partidario y se cayó. Y sí, no tiene cuerpo de atleta, y menos con ese chándal embanderado. Pero es que al presidente de Venezuela no le perdonan nada.  No sé a ustedes, pero a mí me parece que una cosa es la crítica y otra la burla. 

No es un reclamo, no es una invitación a hablar sólo bien de él. Es una pregunta: ¿Por qué critican a Maduro? ¿Cuáles son los argumentos, las razones profundas detrás de la mala prensa del presidente venezolano Nicolás Maduro? 

Sí, ya sé. Maduro no es Hugo Chávez. Hace poco más de seis meses murió el líder carismático, y su delfín designado aún no ha logrado calzarse sus zapatos. 

La tarea es enorme, porque el ‘chavismo’ es un movimiento personalista, basado en la adoración y la presencia permanente del gran hombre, que para unos fue un caudillo populista y autoritario y para otros, la gran figura revolucionaria del continente. 

Permítanme el chiste fácil: Maduro está verde. Trata de discursear como Chávez y resulta patético. Las barrabasadas verbales que causaban gracia en el maestro, en el aplicado discípulo desatan olas de burla en las redes sociales.  

Hay también razones de peso para la crítica: la economía venezolana se ha deteriorado rápidamente y en las calles hay sensación de descontrol. Pero en medio de las críticas a las medidas de su primer medio año y las chanzas por sus deslices (“millones y millonas”; “la repartición de los penes”), percibo también un peligroso desprecio por el hecho de que un pobre, un hombre del pueblo, haya llegado a la primera magistratura. 

Maduro fue chofer de bus. Es morocho, se trabuca al hablar, no fue a la universidad. ¿Y qué? Hay que juzgarlo por lo que hace, no por el lugar de donde viene. Si no, la derecha política no habrá aprendido la lección. Y les debe quedar claro: además de los méritos políticos de Chávez, el chavismo triunfó en Venezuela por los desastres de una casta política anquilosada, aristocrática, que se creía dueña del país y trataba a los trabajadores como sirvientes. 

El gobierno de Maduro no empezó bien, es cierto. Pero cuando veo las sonrisitas y escucho el desprecio clasista de los que fueron a colegios privados y visten con gusto europeo, hasta me cae un poco mejor.

Más de este autor

Roger Moore y los actores de nuestra vida

Uno no elige a su agente 007. Es el que le toca a su generación. La generación de mi padre creció con el James Bond del elegante y desacomplejado Sean Connery. La de mi hijo, con el complejo, traumatizado, posmoderno Daniel Craig.

Opinión

Treinta mil

Te queman la casa. Te tiran el auto al mar. Te roban todo lo que tienes. Esconden los documentos. Te niegan la información del catastro, de tu situación laboral y fiscal. Y te hacen responsable de decir exactamente cuánto valía lo que te robaron, lo que te destruyeron, lo que te escondieron. Y si das un número aproximado, te acusan de no decir con exactitud cuánto fue. “Está diciendo más; es que quiere ganar plata con esto. Calcula en su beneficio”.

Opinión

Más en El Subjetivo

Jaime G. Mora

Las transiciones del rey

«¿Será Juan Carlos el rey que lideró la transición de una dictadura a una democracia, el que la aseguró el 23-F, y al mismo tiempo el rey que facilitó la transición de una monarquía parlamentaria a una república?»

Opinión

Daniel Capó

Hijos de la ira

«Las estatuas nos juzgan con sus ojos. Nos miran y nos observan sin decir nada, calladas como una sombra que pesa sobre nuestras conciencias»

Opinión