Roberto Giusti

¿Por qué Maduro odia a España?

La leyenda negra no luce menos irreal porque estamos ante hechos irreversibles y medio milenio después somos cristianos y occidentales.

Opinión

¿Por qué Maduro odia a España?

La leyenda negra no luce menos irreal porque estamos ante hechos irreversibles y medio milenio después somos cristianos y occidentales.

Algo que Felipe González debe saber al asumir la lucha por los derechos humanos en Venezuela es la fobia histórica del chavismo hacia España, legado del nunca bien ponderado  padre “de la revolución eterna”, Hugo Chávez y cuyo heredero reproduce con altísima fidelidad y retumbante unción. Así, cuando Maduro insulta a Rajoy de racista, corrupto, golpista, en realidad  piensa en todos los españoles (a excepción de la dirigencia de Podemos), quienes tendrían cuentas pendientes con sus antiguas colonias.   

Así,  generaciones de latinoamericanos crecimos celebrando El Día de la Raza, aunque nunca supe cuál, si la primigenia americana, la española europea, la africana o todas juntas, además de las incorporaciones posteriores, que vendrían a ser nuestro melting pot particular o colectivo, según como se mire. Era una fiesta continental, pues los países de la América toda suscribieron el decreto del presidente argentino Hipólito Irigoyen, quien lo instituyó en octubre de 1917, calificando el “descubrimiento” (palabra ahora prohibida) como el  «acontecimiento más trascendental que haya realizado la humanidad a través de los tiempos» a la par que cantaba loas a «la España descubridora (que) volcó sobre el continente enigmático el magnífico valor de sus guerreros, el ardor de sus exploradores (y) la fe de sus sacerdotes…” 

Hoy Maduro, imbuido de anacrónico resentimiento, pretende sustituir aquella leyenda dorada con su antítesis: rebelión indígena, genocidio y vil sometimiento sobre una base no exenta de certidumbres porque bien sabemos cómo se manifestaba el valor de los guerreros españoles, el «ardor de sus exploradores» que, al fin y al cabo resultó el prólogo salaz de «la raza cósmica» de Vasconcelos o el papel de la Iglesia en la expansión del imperio, no obstante la lucha de Bartolomé de Las Casas contra la explotación de los indígenas. 

La leyenda negra no luce menos irreal porque estamos ante hechos irreversibles y medio milenio después somos cristianos y occidentales. Con los atavismos, sincretismos y contradicciones de nuestro origen múltiple hablamos español y,  concretamente, castellano,  nuestras formas de organizarnos en sociedad, incluso las más radicales, se inscriben en las corrientes filosóficas europeas y solo una mente calenturienta  puede concebir una re-vuelta a la era precolombina. Así como la negación de las culturas previas a la llegada de Colón es un desatino, renegar de lo que vino luego, para volver a un pasado imposible, implicaría que Nicolás Maduro adopte un nombre indígena y se instaure el Pemón como lengua oficial venezolana. 

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