Alfonso Donnay

Porque no es una razón de Estado…

Es evidente que la violencia de género en este país campa a sus anchas. Lo cierto es que llevamos unos meses para olvidar. Mujeres degolladas, quemadas vivas, muertas a golpes... son el reflejo de una sociedad muy enferma.

Opinión

Porque no es una razón de Estado…

Es evidente que la violencia de género en este país campa a sus anchas. Lo cierto es que llevamos unos meses para olvidar. Mujeres degolladas, quemadas vivas, muertas a golpes… son el reflejo de una sociedad muy enferma.

Estaba pensando cómo empezar a escribir y qué decir sobre la violencia de género a raíz de todos los acontecimientos que se están produciendo este verano, cuando la radio ha anunciado que han detenido en Rumania al presunto asesino de Laura del Hoyo y Marina Okarynska, las dos jóvenes de Cuenca. Estábamos ante la crónica de una muerte anunciada. Los peores presagios, se han cumplido, al descubrirse sus cuerpos quemados y enterrados en cal viva. ¡Qué terrible!

Es evidente que la violencia de género en este país campa a sus anchas. Lo cierto es que llevamos unos meses para olvidar. Mujeres degolladas, quemadas vivas, muertas a golpes, niños que mueren junto a su madre, o niñas que son asesinadas por despecho mientras pasan el fin de semana con su padre, son el reflejo de una sociedad muy enferma.

Todos estos asesinatos, sólo son la punta del iceberg de la violencia de género y da miedo pensar en todo lo que habrá por debajo. No se cual es la solución, pero si tengo claro que lo que hay que hacer de momento es ejemplarizar con los asesinos, acosadores y maltratadores, endurecer las penas judiciales, poner más medios de vigilancia y control, ayudar más a las víctimas, atención cada vez más especializada, más colaboración ciudadana, etc.

Pero si hay algo que podría acabar con esta lacra, es la educación, pero claro, esto es a largo plazo. La educación y la formación de las niñas y los niños desde pequeños en los valores de la igualdad, debe de ser el camino para resolver todo esto. Desde pequeños deben de saber, que se sea niña o niño, sus derechos y obligaciones son siempre iguales. Ellos serán distintos, pero sus valores no. Pero mientras tanto, ¿qué podemos hacer?

Pues mientras todo eso llega, la sociedad tiene que exigir a la política que esta lacra sea tratada como una razón de Estado. Hay que darle tanta relevancia cómo se le da al terrorismo, al paro, o a la corrupción, que son temas que dan y han dado muchos votos a los partidos políticos. Estamos en temporada electoral y ya quiero ver qué es lo que dicen los partidos políticos al respecto. Me temo, que no demasiado.

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