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Presidente indeciso

Foto: JAVIER BARBANCHO | Reuters

Pedro Sánchez se queja de que PP y Ciudadanos no apoyan las políticas de Estado, pero tendría que preguntarse el presidente si sabe qué es política de Estado. Socialistas y populares, de siempre, han llegado a acuerdos en política de Defensa y de lucha contra el terrorismo, y cuando surgió el desafío independentistas también se pusieron de acuerdo para aplicar el 155, aunque a Rajoy le costó dios y ayuda que lo aceptara Sánchez … pero mucho más le costó que lo aceptara Albert Rivera.

La queja actual de Sánchez se debe a que tanto Casado como Rivera le han criticado hasta la saciedad que no reconociera a Guaidó como presidente interino de Venezuela, ni siquiera planteó una iniciativa en la Unión Europea, que como sabe todo presidente español, mira hacia Moncloa cuando se produce un asunto grave en América Latina. Pero Sánchez se puso de perfil durante dos días mientras otros países de la UE hacían declaraciones condenatorias a la dictadura de Maduro, el Reino Unido reconocía a Guaidó como presidente interino y Francia, Alemania daban pasos en ese sentido y Bruselas conminaba a Maduro para que convocara elecciones. Al fin, al tercer día, Sánchez presentó un ultimátum a Maduro: le daba ocho días para convocar elecciones; de no hacerlo, España reconocería a Guaidó como presidente. Tarde, demasiado tarde. Tanto, que el jueves pasado González Pons presentaba una iniciativa en el Parlamento Europeo que había pactado previamente con socialistas y liberales, para reconocer a Guaidó, iniciativa que se aprobó por muy amplia mayoría.

Sánchez, mientras ocurría todo eso, viajaba por República Dominicana y Méjico, recordaba su ultimátum y acusaba sistemáticamente al PP y Ciudadanos de no apoyar al gobierno en las cuestiones de Estado.

Lo primero que tendría que aprender Pedro Sánchez es que un presidente debe agarrar el toro por los cuernos cuando la situación exige la toma inmediata de decisiones. Venezuela no es un país ajeno a España, los lazos empresariales, históricos, culturales y afectivos, sobre todo estos últimos, obligan a tomar posición cuando ese país sufre una convulsión como la que está viviendo. Llamar tirano a Maduro es una broma de mal gusto cuando esa descalificación no va seguida de un anuncio de rechazo a su gobierno y respaldo al que la Asamblea venezolana, la democrática elegida en las urnas, no la designada por Maduro, ha cumplido con lo que marca la ley y ha tomado juramento a Guaidó como presidente.

Esa indecisión, impropia de un presidente, se agrava cuando la UE sí se ha pronunciado. Sánchez lo hará este lunes al cumplirse el plazo de ocho días de su ridículo ultimátum. Vaya papelón el del presidente español…

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