Antonio Orejudo

Protagonistas

Meterse en un libro con la imaginación es un atraso. Debe de ser mucho más intenso hacerlo con el cuerpo entero, dejar de ser un lector para convertirte en protagonista. ¿Para qué asistir desde fuera a las aventuras de los tres mosqueteros pudiendo ser tú uno de ellos?

Opinión

Protagonistas

Meterse en un libro con la imaginación es un atraso. Debe de ser mucho más intenso hacerlo con el cuerpo entero, dejar de ser un lector para convertirte en protagonista. ¿Para qué asistir desde fuera a las aventuras de los tres mosqueteros pudiendo ser tú uno de ellos?

Imaginemos cómo era la vida hace un siglo. ¿Qué se podía hacer en casa a partir de las 9 de la noche un día como hoy? El entretenimiento más barato era una buena novela. Por eso se escribieron tantas en el siglo XIX. Y por eso eran tan gordas, para que su lectura ocupara varias noches del largo invierno. Pero llegó la radio y luego la televisión, y luego las múltiples pantallas de internet, y las novelas, que habían servido para ocupar las horas que venían después de la cena, tuvieron que buscarse otra función.

Las novelas también sirvieron durante algún tiempo para viajar. Había lectores que no habían salido nunca de Aranda de Duero, pongamos por caso, y que sin embargo podían presumir de haber estado en los Mares del Sur con Stevenson o atravesado Rusia con Julio Verne. El desarrollo del transporte aéreo en el siglo XX y la implantación hace unas décadas de los vuelos de bajo coste arruinó esta otra función de las novelas. ¿Para qué leer ‘La vuelta al mundo en 80 días’, pudiéndola dar tú mismo en buenos hoteles, con una estupenda oferta de Viajes Halcón?

Las novelas fueron también durante algún tiempo la única fuente de sensaciones extremas. Me acuerdo de cómo me sudaban las manos y me subían las pulsaciones mientras leía en mi niñez aquellas novelas de Los Cinco, escritas por Enyd Blyton. Pero al lado de los sofisticados videojuegos que estos días se están mostrando en el congreso tecnológico de Las Vegas, meterse en un libro con la imaginación es un atraso. Debe de ser mucho más intenso hacerlo con el cuerpo entero, dejar de ser un lector para convertirte en protagonista. ¿Para qué asistir desde fuera a las aventuras de los tres mosqueteros pudiendo ser tú uno de ellos?

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