THE OBJECTIVE
Enrique García-Máiquez

Protoperiodismo

El repaso de The Objective a los últimos premios Pulitzer salvó de la riada del tiempo la fotografía ganadora de 2009. No la recordaba. Un obrero trata de rescatar a una mujer que ha caído a una presa. Los brazos de ella, casi desfallecidos, se ven entre la espuma. El rescatador alarga el suyo, enérgico, mientras cuelga de un arnés improvisado con cadenas.

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Protoperiodismo

El repaso de The Objective a los últimos premios Pulitzer salvó de la riada del tiempo la fotografía ganadora de 2009. No la recordaba. Un obrero trata de rescatar a una mujer que ha caído a una presa. Los brazos de ella, casi desfallecidos, se ven entre la espuma. El rescatador alarga el suyo, enérgico, mientras cuelga de un arnés improvisado con cadenas.

A diferencia de mucha fotografía que se resigna a testimoniar la desgracia o la desolación, en ésta hay una fuerza que resiste, una apología de la acción, un vértigo.

A menudo, el periodismo tiene que conformarse con dar fe, claro, pero eso no quiere decir que no prefiramos sumarle —cuando se pueda— también la esperanza y, por tanto, la caridad. Todo está en esta foto. Es el arquetipo de mi protoperiodismo. Si hablo más de política nacional que de política internacional, es porque sobre la de aquí podemos influir algo, aunque sea muy poco (a poco). Un análisis ha de arrojar una luz que pueda transformarse en una energía transformadora. Y si reincido periódicamente en el costumbrismo será para tratar de cambiar alguna costumbre y, sobre todo, por mantener otras que no tendríamos por qué perder en el río revuelto de los tiempos que corren. Mis artículos culturales no quisieran perder nunca la urgencia de que hay un humanismo que se ahoga.

Intento —colgando— alargar un poco más el brazo contra las aguas salvajes. Aquel obrero de 2009 hace un excelente escudo heráldico quijotesco bajo el que echarse sobre la actualidad. Aunque quién sabe si (con la escritura vemos como a través de un espejo) no soy yo el que necesita ser rescatado, y es lector el que me tiende una mano in extremis. Igual que en esos dibujos que producen ilusiones ópticas reversibles, un instante soy el socorrista; el otro, el socorrido, como en la vida.

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