Anna Grau

Puigdements y QuimTorrats

«No nos vuelvan a abandonar en manos de gente que dice que ama a Cataluña… pero en realidad odia a millones de catalanes. Por favor»

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Puigdements y QuimTorrats
Anna Grau

Anna Grau

Anna Grau es periodista y escritora y ha sido todo eso en Barcelona, NYC y Madrid.

Ya supongo que la cuestión catalana aburre, sobre todo a los que siguen sin comprender su verdadera naturaleza. Lo dije hace tiempo y lo repetiré todas las veces que haga falta: Cataluña NO se va a independizar de España. España NO se va a romper. Otra cosa es que las costuras civiles de la sociedad catalana aguanten. Eso sí se podía romper, se ha roto y se sigue rompiendo.

En el laberinto/jauría de siglas en que ha devenido el independentismo, es fácil hacerse ilusiones de que peleados entre sí son más inofensivos. Error. Error. Qué inmenso error. La división entre Puigdements y QuimTorrats no hace sino añadir miseria sobre miseria, postración sobre postración, decadencia sobre decadencia, a la ya muy miserable, postrada y decadente vida civil catalana. Y española. No se nos olvide que el Procés es la Zona Cero de un vaciamiento democrático atroz (como quien va deshuesando un aguacate…) que envenena a España entera.

Olvídense por un momento de todas las películas de indios que les han contado en los últimos quince años. Aténganse a lo no por evidente, más visible: el Procés nunca fue ni pretendió ser un verdadero pulso a la unidad territorial política de España. Era un pulso (interior) por la hegemonía de un catalanismo que todo lo que un día pudo tener de fuerza regeneradora e inspiradora, se le fue en canibalismo institucional. En armar un lobby catalán más siniestro, cuanto más restringido: de pretender que Cataluña capitaneara airosa la Espanya gran, a hacerse fuertes en una baldosa, más intransigente cuanto más estrechita. Cada vez mandan más en menos espacio (así LaCaixa se fusiona con Bankia y ni se enteran…), eso sí, con menos contemplaciones hacia los que no están en la baldosa, ni en el ajo. En su ajo.

El Procés es hoy un matón de escuela, un gallo de corral, que sabe que si sale a campo abierto no té res a pelar pero que si se queda quieto, cerril y cejijunto… pues la calle es suya. Y lo es con la connivencia de muchas fuerzas vivas, poderes fácticos y progresía de sacristía que no se paran a pensar en las consecuencias de regalar más de media Cataluña, envuelta en papel de plata, a menos de la otra media.

Ejemplo de lo que les digo: esta especie de frufrú suscitado en torno a las posibles intenciones de Artur Mas y Marta Pascal de fundar una especie de PNV catalán. De retornar a un presunto catalanismo adulto y responsable, capaz de trascender la larga borrachera separatista y de cerrar la brecha…

Entiendo que haga ilusión creerse algo así y que además constituya la coartada perfecta para quien quiere irse desenganchando del fracaso del Procés pero sin admitir ninguna responsabilidad en el tema. Es alucinante que se siga negando la existencia de una severa fractura social en Cataluña a la vez que se pone a parir (más que literalmente) a todo aquel que la padece y la denuncia.

Es verdad que ahora mismo toda la oferta política no separatista en Cataluña es o parece decepcionante, por decirlo sin acritud. Entre desertores, trileros, despistados e impotentes… ai, senyor.

Pero por favor: si alguien tiene la capacidad de rescatar a los catalanes y españoles de una espantosa orfandad, desde luego no va a ser quien, como Artur Mas, lanzó los trenes a chocar fingiendo que arreglaba la vía. Ni aquellos que, como Marta Pascal & co, han necesitado quedarse sin su sustento político personal de los últimos treinta años para ver la «luz». Dejen salir antes de entrar… del Procés y de la gran mentira de que los peores traidores a la gran tradición catalanista pretendan tener algún derecho a invocarla a estas alturas. Hace quince años habrían sido unos héroes. Ahora no pasan de ser chupasangres de los chupasangres. Parásitos de los parásitos. Hipercarroña.

Por última vez: esto no ha ido ni irá nunca de independencia. Renunciar a la imposible unilateralidad no tiene ningún recorrido ya, ni ningún mérito. Es a dejar de maltratar a quien no es de los suyos a lo que deberían renunciar. A eso deberían comprometerse de una vez por todas. A hacer cumplir la ley, las garantías constitucionales y todo aquello que hace la vida digna de ser vivida.

No nos vuelvan a abandonar en manos de gente que dice que ama a Cataluña… pero en realidad odia a millones de catalanes. Por favor.

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