Jordi Amat

¿Qué es lo normal?

Si lo normal es su presente, Dora tiene la respuesta para su pregunta: lo normal es vivir rodeado de lo absurdo. Sólo su lucidez para satirizarlo en la intimidad de su conciencia herida se ha convertido en la estrategia para ir tirando y no perderse en la comedia que contempla cada día. Y es que lo absurdo parece como si hubiese colonizado su cotidianeidad. Está allí, por todas partes. Pero ella, a pesar del asedio, preserva una identidad que espera el momento para revelarse.

Opinión

¿Qué es lo normal?
Jordi Amat

Jordi Amat

Filólogo, escribe biografías y ensayos. Colabora en prensa. Ha acabado devorado por los artículos de opinión sobre el Procés.

Si lo normal es su presente, Dora tiene la respuesta para su pregunta: lo normal es vivir rodeado de lo absurdo. Sólo su lucidez para satirizarlo en la intimidad de su conciencia herida se ha convertido en la estrategia para ir tirando y no perderse en la comedia que contempla cada día. Y es que lo absurdo parece como si hubiese colonizado su cotidianeidad. Está allí, por todas partes. Pero ella, a pesar del asedio, preserva una identidad que espera el momento para revelarse.

Cada mañana toma un tren de cercanías para ir a Barcelona. Escucha conversaciones de los viajeros de vagón. Garabatea las notas de lo que cuenta una chica o el grupo de locos que habla con la franqueza enfermiza de los cuerdos. Luego, al llegar, queda atrapada en esa extraña madeja de su profesión. Es una periodista de los tiempos de la precariedad. Y sabe cómo las está gastando este país con tanta juventud. “En este país eres joven hasta que eres mayor en exceso y dejas de serlo cuando ya te han deshecho y jodido”. Su principal tarea es recomendar algún local de ocio original para el suplemento del fin de semana, pero lo que le pediría el cuerpo es la sátira de tantos políticos que disimulan el vacío tapándolo con palabras planas. Los ha escuchado en ruedas de prensa, esa mañana de presentación de un proyecto de reforma para el centro de la ciudad e incluso le tocará escribir otra vez el colmo de la crónica absurda, la de la cabalgata de los Reyes Magos. Pero a Dora no la embaucan.

A diferencia de tantas novelas de neurosis contemporánea, ésta tiene una singularidad diferencial: su protagonista contempla el presente urbano a través del prisma de alguien que creció en un mundo que ha desaparecido –unos padres entre payeses y granjeros-, pero que le ha dejado un poso de complejos, escepticismo y la sabiduría de la abuela que la vacuna contra el bluf de la postmodernidad. “¡Cuánta perplejidad, oh, postmodernidad”, se lee en uno de los muchos pasajes hilarantes de Joyce i les gallines. La primera novela de Anna Ballbona (Montmeló, 1980) quedó finalista del Premi Llibre Anagrama de Novel·la –el penúltimo invento del sabio capitán Jorge Herralde- y en nada saldrá publicada la traducción castellana con prólogo del subcomandante Jordi Gracia.

El punto clave de la novela es, precisamente, cuando la singularidad biográfica de Dora rompe el cerco de lo absurdo y ella, que ha ido comprobando el papel que las gallinas han tenido en su vida, decide intervenir en su realidad. Tiene un símbolo y ha descubierto su modelo: un artista secreto, lúdico y comprometido, mordaz, enigmático e irreverente. El domingo que queda magnetizada por un documental sobre Bansky sabe que va a ser ella, con sus modestas posibilidades, quien va a luchar por hacer visible lo normal ocultado. Dora cogió el spray, la moto y empezó a deambular por una urbanización cercana. Dora cazó nuestro absurdo.

 

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