Joaquín Jesús Sánchez

Quedará en la memoria en donde ardía

"La noche de reyes murió la abuela Concha. A mí me han querido mucho, como lo hacía la abuela. Yo también la quiero"

Opinión

Quedará en la memoria en donde ardía
Foto: Cedida por Joaquín Jesús Sánchez
Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez

Joaquín Jesús Sánchez (Sevilla, 1990) estudió Filosofía y escribe crítica de arte, crónicas malhumoradas y artículos de variedades. Puede seguir sus trepidantes aventuras en www.unmaletinmarron.com

Cuando echo de menos a la abuela Concha me acuerdo, sobre todo, de dos cosas. Siempre premió la curiosidad y el apetito. Cuando éramos pequeños pasábamos mucho tiempo en su casa, porque mi madre enseñaba allí corte y confección. A mediodía, ella se metía en la cocina y empezaba preparar el almuerzo. Yo la seguía, porque la glotonería me viene de lejos, y me asomaba a las cazuelas y a las perolas; le preguntaba: «abuela, ¿esto qué es?». Si el nombre de aquello no me decía nada, ella se ofrecía a prepararme otra cosa. Entonces yo le respondía: «déjame probarlo y te digo si me gusta». Me llevaba el guiso a la boca con intriga, pero también con confianza. Sabía que mi abuela nunca me ofrecería algo que no estuviese bueno. Esa valentía infantil parece que le hizo mucha gracia, porque estuvo toda la vida contando la anécdota.

Lo otro que se me viene a la cabeza era su forma particular de hacernos regalos. Los daba a escondidas, como es costumbre, pero también los daba con expectación. Hace unos años me dijo: «Joaquín Jesús, hay por ahí un cortaúñas precioso que le regalaron a tu abuelo, si lo quieres es para ti». ¿Quién podría negarse a una oferta tan singular? Como no estaba muy claro dónde estaba el cacharrito, la abuela revolvió toda la casa (más bien, mandó revolver) hasta que apareció aquel objeto tan escurridizo. Me lo dio, como solía, delicadamente envuelto en una hoja de papel de cocina. Las manos de mi abuela eran, como escribe Huidobro, más admirables que la noche: los dedos finísimos, la piel delicada y suave. Con sus manos las puso en las mías y yo deshice el empapelado y sostuve entre los dedos un cortaúñas diminuto, recuerdo de un viaje que alguien hizo a Mallorca, con una pegatina en relieve que tenía muchos colores. «Abuela, muchas gracias, es precioso». Nadie podría haber obrado el prodigio de convertir una baratija en un tesoro.

Dice Borges que Dante, en la Comedia, escoge un solo momento de la vida de un hombre que resuma toda su existencia. Creo que para ella sirven estos dos.

La noche de reyes murió la abuela Concha. A mí me han querido mucho, como lo hacía la abuela. Yo también la quiero.

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